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Blog del eBook El Maestro de la Realidad

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sábado, 24 de marzo de 2018

ELIJO NO ACEPTAR LA CULPABILIDAD EN MI VIDA



Elijo no aceptar la culpabilidad en mi vida. Esta actitud mental crea pensamientos como: «No desperdiciaré la preciosa moneda de mi vida, mi existencia actual, inmovilizado por la culpabilidad por lo que ocurrió en el pasado».

Esta declaración exige conocer la diferencia entre a) arrepentirse de verdad y aprender del pasado, y b) pasarse la vida haciéndose reproches y sintiéndose culpable. Aprender de los propios errores y emprender acciones correctoras son prácticas espiritual y psicológicamente sanas. Hiciste algo, no te gustó cómo te sentiste después, y decides no repetir ese comportamiento. Eso no es culpabilidad. La culpabilidad aparece cuando continúas sintiéndose inmovilizado y deprimido, y esos sentimientos te impiden vivir en el presente.

Al dejarte agobiar por la culpabilidad, llenas tu energía de angustia y reproche. Te haces tantos reproches que no te sientes merecedor de recibir las bendiciones del universo o de cualquiera que forme parte de él. Los sentimientos persistentes de culpabilidad te impedirán manifestar nada que valga la pena porque estarás atrayendo hacia ti esas mismas cosas que sitúas en el universo. Cuanto mayor sea la angustia, más razones tendrás para sentirte mal y más pruebas encontrarás para demostrar que no eres merecedor de lo que deseas.

Cuando utilizas tus comportamientos del pasado para aprender de ellos y sigues adelante, al margen de lo horribles que te hayan parecido, te liberas de la negatividad que rodea esas acciones. Perdonarse a uno mismo significa que puede extender el amor hacia sí mismo, a pesar de haber percibido dolorosamente las propias deficiencias.

Una vez aprendida esta valiosa lección, buscas también el perdón de Dios. Pero si continúas abrigando el dolor en tu interior, te sentirás indigno del perdón de Dios y, en consecuencia, no podrás aceptar ninguno de tus derechos divinos, como hijo de Dios.

No importa qué es lo que no te gusta de ti mismo, incluidos tus comportamientos y tu aspecto, pero para tener éxito a la hora de la manifestación necesitas amarte a ti mismo a pesar de los defectos que puedas encontrarte. Por ejemplo, si sufres crónicamente de un exceso de peso, o eres adicto a alguna sustancia, tus frases internas de culpabilidad serán aproximadamente del siguiente tenor: «Voy a amarme realmente a mí mismo cuando finalmente alcance un peso normal», o bien: «Me valoraré verdaderamente a mí mismo como un ser humano digno cuando haya superado finalmente esta adicción de una vez por todas».

Las frases de culpabilidad no hacen sino reforzar una actitud de desmerecimiento, e inhiben el proceso de la manifestación. Tienes que cambiar estas frases y decirte a ti mismo cosas como: «Me amo a mí mismo aunque tenga exceso de peso. En primer lugar, yo no soy este exceso de peso y me niego a pensar en mí mismo en términos autodegradantes, independientemente del estado de mi cuerpo. Soy amor y extiendo ese amor a todo lo que soy». Esta misma clase de programación interna tiene que producirse en el caso de las adicciones o de cualquier otra cosa por la que te sientas culpable.

Hay 483.364 palabras en Curso de milagros. La expresión «manténte alerta» sólo aparece una vez:

«Manténte alerta ante la tentación de verte a ti mismo como injustamente tratado». La advertencia alude a la necesidad de eliminar la culpabilidad y asumir la responsabilidad por la propia vida. Al eliminar la inclinación a revolcarse en la autocrítica, también eliminamos la idea de que nos redimiremos gracias al sufrimiento en el momento presente, y de que podemos pagar por nuestros pecados con culpabilidad. La vida no funciona de ese modo. Tus sufrimientos te mantienen en un estado de temor e inmovilidad. Y esa no es la solución para los problemas de tu vida.

Existe, sin embargo, una solución, que consiste en amarse a uno mismo y en pedir a Dios que esos «defectos» no sean más que lecciones que te permitan alcanzar un nuevo nivel espiritual. Al negarte a aceptar la idea condicionada de que la culpabilidad es buena, de que mereces sentirte culpable y de que la culpabilidad te ayudará a expiar tus pecados, refuerzas la idea de ser merecedor de cualquier deseo que quieras manifestar en tu vida.

Extraído del libro Construye tu destino, De W.Dyer

domingo, 21 de enero de 2018

SEGUNDA CREENCIA: LO EXTERNO TIENE LA CULPA DE MIS CONDICIONES DE VIDA


Si le han educado en la culpa, tendrá la costumbre de echarle mano a esta excusa siempre que desee explicar por qué algo de su vida no funciona.

Usted puede, por ejemplo, culpar de la falta de prosperidad a muchos factores externos: su cultura, la bolsa, los políticos, sus padres, la fortuna, la codicia de otros. De la enfermedad puede culpar a la herencia, la estación del año, la mala suerte, el entorno. De sus relaciones fracasadas puede culpar a sus parejas, su incapacidad para amarle, su crianza, sus padres. De su personalidad puede culpar a sus padres, sus genes, su infancia, sus hermanos, su nacimiento. Su apariencia puede ser culpa de la genética, de los fabricantes de alimentos, de los publicistas, del entorno. Es una lista interminable.

La alternativa a buscar culpables es la propia responsabilidad: hay que enfrentarse a la vida desde el propio yo. Puede que no le hayan educado para asumir la responsabilidad de los acontecimientos de su vida. Pero si no está dispuesto a interrumpir el juego de ir repartiendo las culpas, estará incapacitado para iniciar su búsqueda espiritual.

Cuando usted culpa a algo externo por las circunstancias que atraviesa, le entrega el control de su vida a ese fenómeno externo. Depender de lo externo significa abandonar el yo espiritual. La búsqueda de este yo se lleva a cabo en un ámbito interior de serena sabiduría. Le invita a comunicarse con la suprema presencia interior, donde hallará las soluciones

La llave está siempre dentro. Resulta imposible perder en el exterior de sí mismo la llave que conduce a su propio ser cuando está en el camino de la búsqueda sagrada. Cuando deje de culpar a otros y busque la llave dentro de usted, siempre encontrará lo que necesite.

Cuando dormimos, creamos todos los personajes que necesitamos, en la vigilia, no culpamos a los personajes y sucesos de los sueños. Así que también podemos saber que incluso aquello que no entendemos o no aprobamos están en nuestra vida para enseñarnos algo.

Abandone la tendencia a buscar culpables. Tenga presente que usted es el creador de su vida y que en su interior hay una presencia. Su capacidad para confiar en usted mismo anulará su hábito de repartir culpas.


Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W.Dyer

miércoles, 8 de noviembre de 2017

TRAFICANTES DE CULPAS



Es debido a nuestra propia inocencia interior que hemos adquirido toda la negatividad del mundo y le hemos permitido acabar con nuestra vitalidad, destruir nuestra consciencia de quienes realmente somos, y vendernos a la patética pequeñez en la que nos hemos establecido. ¿No es nuestra inocencia de recién nacido la que no puede defenderse y, sin capacidad de discernimiento, sólo pudo permitirse ser programada, como un ordenador?

Veamos que significa esto para volvernos conscientes. Oímos hablar de los programas de toma de conciencia y de los seminarios de fin de semana para expandir nuestra conciencia. ¿Qué quiere decir esto? ¿Obtener algunas nuevas fórmulas complicadas? ¿ser programados con la idea de cualquier otro sobre la verdad mística?

La mayoría de los programas sobre la conciencia se reducen a este punto esencial: volvernos conscientes de lo que estamos comprando, de lo que estamos aceptando diariamente. Echemos un vistazo a lo que ya ha sido programado en nosotros y comencemos a cuestionarlo, desarmarlo y dejarlo.

Despertemos y liberémonos de la explotación y esclavitud de la programación negativa del mundo. Veremos que es, un intento por parte de otros de controlarnos; explotarnos; sacarnos nuestro dinero, nuestros servicios, nuestra energía, nuestras lealtades; y captar nuestra mente. Los mecanismos por los que esto sucede fueron bellamente ejemplificados en la película, Tron, en la que la función del "control central" era la de esclavizar mediante la programación progresiva.

Cuando vemos la verdad de cómo nos programan, veremos que somos como un puro ordenador, en blanco. Somos el espacio inocente en el que la programación se está produciendo. Cuando veamos todo esto, nos enfadaremos. ¡La ira es mejor que la resignación, la apatía, la depresión y el dolor! Significa tomar las riendas de nuestra mente, en lugar de entregarlas a la televisión, los periódicos, las revistas, los vecinos, las conversaciones en el metro, las observaciones casuales de la camarera, la basura de dentro y la basura de fuera. ¿Lo qué entró en nuestros bancos de memoria era basura, y cuando veamos esto, tendremos mucho menos miedo. Disfrutaremos empezando a dejar que los sentimientos surjan, viéndolos como lo que son, limpiando toda la basura, y dejándola ir toda.

Una vez que nos observemos profundamente y encontremos esa inocencia innata interior, dejaremos de odiarnos. Dejaremos de condenarnos y dejaremos de condenar a los demás y sus sutiles intentos de invalidar nuestro valor como seres humanos. Es hora de retomar nuestro propio poder y dejar de darlo a cualquier estafador que pase sacudiendo nuestros miedos para sacarnos un poco de dinero suelto de nuestro bolsillo o nos esclavice para su causa, viviendo de nuestra energía. Es fácil alejarse de todo ese miedo porque ahora tenemos el poder de elección.

Tememos que el viaje del descubrimiento interior nos llevará a una verdad terrible, horrible. En su programación de nuestras mentes, esta es una de las barreras que el mundo ha establecido para impedir la búsqueda de la verdad real. Hay una cosa que el mundo no quiere que nos enteremos y es la verdad acerca de nosotros mismos. ¿Por qué? Porque entonces seremos libres. Ya no podremos ser controlados, manipulados, explotados, agotados, esclavizados, encarcelados, vilipendiados, o desprovistos de nuestro poder.

Por lo tanto, el viaje interior de descubrimiento está envuelto en un aura de misterio y premoniciones.

¿Cuál es la verdad acerca de este viaje? La verdad real es que, a medida que avancemos hacia el interior y descartemos una ilusión tras otra, una mentira tras otra, un programa negativo tras otro, se vuelven más y más ligeros. La consciencia de la presencia del amor se vuelve más y más fuerte.

Nos sentiremos más y más ligeros. La vida se vive con menor esfuerzo.

Cada gran maestro desde el principio de los tiempos, ha dicho que hay que observar el interior y encontrar la verdad, porque la verdad de lo que realmente somos nos hará libres. Si lo que ha de ser encontrado dentro de nosotros mismos fuera algo que nos fuera a hacernos sentir culpables, algo corrupto, malo y negativo, entonces todos los grandes maestros del mundo no nos aconsejarían mirar ahí. Por el contrario, nos dirían que lo evitáramos a toda costa. Descubriremos que todas las cosas que el mundo llama "el mal" están justo en la superficie; están justo en la parte superior, en la capa más superficial, externa y delgada. Debajo de esos errores hay malentendidos. No somos corruptos, -sólo ignorantes.

A medida que la cantidad de miedo culpable y energía que le acompaña sean negados, nos daremos cuenta de que las enfermedades físicas y los síntomas comenzarán a desaparecer. La capacidad de amarnos en forma de aumento de la autoestima regresa y con ella viene la capacidad de amar a los demás. Ser liberados de la culpa trae consigo una renovación de la energía vital. Esto puede ser observado dramáticamente en muchas personas que son convertidas a través de la experiencia religiosa. La repentina liberación de la culpa a través del mecanismo del perdón es responsable de miles de recuperaciones de enfermedades graves y avanzadas. Si estamos o no de acuerdo con su concepto religioso es irrelevante. Lo importante a destacar es que el alivio de la culpa se acompaña de un resurgir de la energía de la vida, el bienestar y la salud física.

Cuando se trata de sanarnos a nosotros mismos y aumentar nuestra propia salud emocional, "vale la pena ser paranoico". Nos volvemos conscientes de todos los traficantes de culpas en nuestra vida y sus influencias deletéreas.

Extraido del libro Dejar ir:el Arte de la entrega, del Dr. D.Hawkins

martes, 7 de noviembre de 2017

LA INNECESARIA CULPA


Culpar a los demás o a nosotros mismos simplemente es innecesario.

La atracción por culpar surge en la primera infancia como un hecho cotidiano en el aula, el patio de recreo, y en casa de los hermanos. Culpar es el tema central en los interminables procesos judiciales y demandas que caracterizan a nuestra sociedad. En verdad, culpar es sólo otro de los programas negativos que hemos permitido que nuestra mente adquiera porque nunca nos hemos parado a cuestionarlo.

¿Por qué debe algo ser siempre "fallo" de alguien? ¿Por qué debe ser introducido todo el concepto de "malo" en la situación en el primer lugar? ¿Por qué debe uno de nosotros estar equivocado, ser malo o culpable? Lo que parecía una buena idea en ese momento pudo no haber salido bien. Eso es todo. Los acontecimientos desafortunados pudieron solo haber sucedido.

Para superar el tener que culpar, es necesario ver la secreta satisfacción y placer que obtenemos de la autocompasión, el resentimiento, la ira, y las excusas que nos damos a nosotros mismos, y empezar a entregar todas estas pequeñas recompensas. El propósito de este paso es pasar de ser una víctima de nuestros sentimientos a elegir tenerlos. Si nos limitamos a reconocerlos y observarlos, entonces comenzaremos a desarmarlos, y a entregar las partes que lo componen, entonces estamos conscientemente ejerciendo la elección. De esta manera, hacemos un movimiento importante para salir de la ciénaga de la impotencia.

Es de ayuda para superar la resistencia y asumir la responsabilidad de nuestros programas y sentimientos negativos el ver que provienen de un pequeño aspecto de nosotros mismos. Es la naturaleza de la parte más pequeña de nosotros mismos la que piensa negativamente, por lo que hay una inconsciente tendencia a estar de acuerdo fácilmente con su limitado punto de vista. Pero esa no es la totalidad de nuestro ser; fuera y más allá del pequeño ser está nuestro mayor Ser.

Podemos no ser conscientes de nuestra grandeza interior. Podemos no estar experimentándola, pero está ahí. Si nos desprendemos de nuestra resistencia a ella, podremos empezar a experimentarla. La depresión y la apatía, por tanto, resultan de la voluntad de aferrarse al pequeño ser y a su sistema de creencias, además de a la resistencia a la nuestro Ser Superior, que se compone de todos los opuestos de los sentimientos negativos.

La naturaleza del universo es que todo en él esté representado por su igual y su opuesto. Así, el electrón igual y opuesto es el positrón. Cada fuerza tiene una igual y opuesta contra-fuerza. El Yin es compensado por el Yang. Existe el miedo pero también el coraje. Existe el odio pero su opuesto es eI amor. Existe la timidez pero también la valentía. Existe la tacañería pero también la generosidad. En la psique humana, cada sentimiento tiene su opuesto. La manera de salir de la negatividad es, por tanto, la voluntad de reconocer y dejar de lado los sentimientos negativos y, al mismo tiempo, la voluntad de dejar de resistirse a su opuesto positivo. La depresión y apatía son el resultado de estar en el efecto de la polaridad negativa. 

¿Cómo se hace esto en la vida cotidiana? ...

Extraído del libro Dejar ir: el arte de la entrega del Dr. D. Hawkins

domingo, 2 de julio de 2017

LOS 3 PILARES DE LA MENTE DUAL




Todo conflicto que vivimos hoy en día está sustentando por 3 pilares que se repiten una y otra vez en todo problema, sea enfermedad, apegos, fracasos, etc. Cualquier situación que es vivida como perjudicial para nosotros está filtrada por la mente, una mente separada, asustada y llena de dolores pasados que todavía arrastra y por ello reacciona de forma automática intentando huir de ello. Al final terminas agotado, sin ilusión y perdido, o con alguna enfermedad en la que, por fin, no quede más remedio que parar. Sin embargo, antes de llegar a esto podemos reaccionar, tomar conciencia y darnos cuenta de lo que hace nuestra mente, porque muchas veces para acabar en una situación realmente dolorosa, hay que hacer un gran esfuerzo y tomar decisiones que nos dañen y nos intoxiquen todavía más, todo de forma inconsciente.

Piénsalo, te estoy invitando a un cambio radical en la manera de pensar, ya no es: ¿Qué he hecho yo para merecer esto con lo buena que persona que soy?, sino: ¿Qué estoy haciendo para estar así? Es la diferencia entre sentirse culpable y pensar que no puedo hacer nada, lo que me posiciona en victima donde me quedo sufriendo mi situación, o sentirse responsable y pensar que esto lo estoy creando para algo que todavía no veo, lo que me posiciona en el hacedor de mi vida donde puedo cambiar la situación. Quizás duela brevemente, ya que estoy haciendo el esfuerzo de cambiar aquello que me hacía daño para evolucionar y expandir mi consciencia, pero soy consciente de que el dolor forma parte de la experiencia humana, mientras que el sufrimiento es la resistencia a este dolor.

Para comprender por qué nuestra mente cae en el victimismo en vez de la responsabilidad tenemos que tomar conciencia de los 3 pilares que sostienen la mente que se siente separada de todo. Los 3 se nutren entre sí y dependen los unos de los otros, derrocando uno, los otros comienzan a desmoronarse. Estos son: la culpabilidad, la negatividad y el miedo.

La Culpabilidad

El sentimiento de culpa está sostenido por diversos patrones, programas y creencias que subyacen en el inconsciente y se traducen en forma de "castigo" (culpabilidad). Por ejemplo: “No merezco”, “no debo”, “no sé”, “no puedo”, “no tengo”, “no soy lo suficiente para algo”, “me obligo a hacer lo que no quiero”, “guardo secretos inconfesables”, “para que me castigue dios ya me castigo yo”, “soy el culpable de todo”, “hago daño a los demás”, “les doy pena y lástima”, “no me quieren”, “tú me obligaste a hacerlo”, etcétera.

En la gran mayoría de los casos la culpabilidad está atada a la comparación: “todo me pasa a mí”, “es que a los demás no les pasa esto”, “nunca podré ser como mi padre”, etc. Aquí hay una reflexión en cuanto a la comparación: 

Te comparas con lo que tu mente interpreta que es mejor que tú, desvalorizando lo único en ti, insultando tu propia grandeza interior. Puedes admirar y aprender de los demás, pero no te sientas más pequeño que ellos. Eso que admiras fuera tú ya lo tienes, aunque todavía no te des cuenta. ¿Has pensado que esa persona que piensas que es mejor que tú puede admirar algo de ti que él también piensa que no tiene? Las comparaciones están basadas en carencias, deja de comprarte y comienza a sacar desde dentro de ti aquello que te impulsa y te motiva, aquello que te ilusiona. Si estás pensando que ya nada te ilusiona, prueba a hacer cosas nuevas, si siempre haces lo que sabes hacer nunca serás mejor de lo que ya eres. Ahora puedes tener miedo a hacerlo y para ello usas la negatividad, mirando el lado de la balanza que te mantiene quieto e inerte, pero si tan solo miraras por un instante el otro lado sin juzgarlo, sin comparar, encontrarías esa ilusión que crees haber perdido, porque no está fuera, sino dentro.

Para sanar la culpabilidad es necesario implantar el verdadero sentido del perdón. No me refiero a salvar a alguien de su castigo o a olvidar lo que ha ocurrido, sino a comprender que ya no eres una víctima, sino el gobernante de tu vida y como responsable de todo lo que te sucede, no pierdas el tiempo culpando a los demás o a ti mismo. Si vas directo hacia un ice berg, ni te quedes culpando al ice berg por estar ahí en medio, ni te culpes a ti de no haberlo visto, directamente, coge el timón de tu barco y cambia del rumbo.

En este mundo no hay culpables, pero nos da miedo reconocer nuestra grandeza y también nuestros errores, hasta que nos damos cuenta de que estos no existen y comenzamos a brillar con luz propia.

Negatividad

La negatividad es lo que se expresa cuando la culpabilidad está activa. Vemos siempre el lado negativo para no tener que movernos de donde estamos, ya que eso requiere el esfuerzo de enfrentar nuestros miedos ilusorios. La negatividad es la decisión de quedarme en mi confort, de conformarme. Aunque como me siento culpable pido ayuda y me quejo, sigo pensando que no puedo, que lo que hago no sirve para nada y que jamás saldré de aquí.

Algo peculiar de la negatividad es que cuando este estado se expresa la persona pregunta frecuentemente: ¿Y cómo lo hago? Esto ocurre porque la mente, intoxicada en negatividad, necesita tener bien medido y analizado el futuro para saber los pros y los contras que va a tener antes de dar el paso, para así ver que hay más contras y seguir en la misma situación. El problema de esto es que tu mente no está, de momento, preparada para ser consciente de todas las infinitas posibilidades que pueden nacer de una decisión o una acción, sin embargo, intentas adivinarlo y caes en que las 4 ó 5 posibilidades negativas que has inventado en tu mente son lo suficientemente graves como para no moverte.

Para salir de la negatividad se requiere el esfuerzo de no hacer caso de todos esos pensamientos, darte cuenta de que lo que tú puedes calcular conscientemente es apenas un 5%, mientras que hay un 95% de posibilidades que ni te imaginas. Te estoy invitando a que te quites un gran peso de encima y comienzas a dejarte llevar más por la vida y colocar tu mente al servicio de tu corazón.

Miedo

Al final en todo conflicto se llega al miedo una y otra vez y tienes que tener algo muy claro sobre esto:

Dentro de ti lo único real es el amor, la única energía que sustenta todos tus cuerpos, la que vibra y resuena, la que siente y se expresa, la que transmuta y se transforma, es la que hemos llamado amor. ¿Cuándo surge el miedo? En el instante que no le haces caso a tu corazón. Hasta el odio es amor en su mínima expresión. Si tu mente inocente no juzgara tus intuiciones ni tus corazonadas, toda tu vida iría como debe ir. Pero como tu mente juzga a tu corazón de si es bueno o malo eso que elige vivir, luchas contra ellos y esto se transforma en ideas, pensamientos y creencias que más tarde serán tu destino.

Deja de luchar, deja de huir de tu corazón que quiere lo mejor para ti. A través de él se expresa la divinidad de todo el universo, deja que te atraviese y experimenta la humanidad en toda su plenitud. El miedo nació cuando la mente se separó del corazón y esta se asustó tanto que comenzó a culpar y ser muy negativa. Tú trabajo en la tierra es trabajar la mente y liberarla de las ataduras para que la luz que vibra en ti ilumine tu visión distorsionada. Puede que sientas incertidumbre a lo desconocido, pero el miedo ya no te volverá a dominar. Detrás de todo miedo se esconde la piedra filosofal de tu alma, atraviésalos como una cortina de humo y encontrarás lo que realmente eres.


Un texto de  Héctor Ibáñez - Terapeuta Humanista Transpersonal

sábado, 17 de junio de 2017

CAPITULO IV (extracto) : Información heredada, información inoculada

EL MAESTRO DE LA REALIDAD - CREENCIAS


Las ideas iban saliendo de aquel mensajero tan agradable de escuchar. Me sentía absorto por lo que allí se estaba planteando. Haciendo hincapié en las creencias que hemos ido adquiriendo y nos han ido modelando el personaje que creemos ser, la analogía informática expuesta era muy esclarecedora: “programas que nos dirigen”. Y esos programas se nos van instalando más o menos en este orden:

1.-a través de nuestros ancestros por medio del ADN, ya que no solo existe una transferencia bioquímicas sino también de la información de lo que somos o vamos siendo
2.- desde el momento en que fuimos concebidos, pasando por los meses de gestación en el vientre de nuestra madre y aproximadamente hasta después de los tres años de haber nacido. Todo ello debido a cómo se  sentía nuestra madre en esos momentos: relación con el otro progenitor, familia, entornos varios.
3.- trasmitidos por el entorno educacional, social, ético-moral, geográfico, medios de comunicación, etc…
4. nuestras propias situaciones emocionales que dejaron huella en nuestro inconsciente a lo largo de todos nuestros periodos desde que nacimos.

En este punto recuerdo un pasaje de otro mensajero del Maestro de la Realidad que puede ilustra de forma sencilla pero clara lo que propone la idea de entender cómo las creencias nos hacen percibir nuestro mundo sin prácticamente darnos cuenta:

“Examina las presiones y creencias que has incorporado en ti mismo, que reflejan el pensamiento de tu familia más inmediata, de tu familia más amplia, de tu comunidad, el grupo religioso al que perteneces, el grupo étnico, el grupo educativo/empresarial, o cualquier otra multitud de unidades especializadas de personas"

“Determina aquellos ámbitos en los que tu vida se ve mediatizada por las disposiciones mentales predeterminadas, que hacen que tu evolución personal sea más lenta porque aquello que realmente deseas o crees no obtiene ninguna energía de tu propia singularidad” (Tu Yo sagrado .de Wayne Dyer)


Según iba procesando la información era como si un inmenso foco fuese iluminando partes de mi entendimiento, a las cuales  jamás se les habría pasado por la cabeza. Nunca mejor dicho, que todo esto forma parte de mi forma de “ser” sin que yo lo supiera. Según los postulados de la conferencia, esas creencias adheridas a mi inconsciente en muchos casos generan sustancias mentales envenenadoras de la personalidad como son: El Miedo, la Culpa y la Obligación. Conceptos estos que ya me traían recuerdos de una etapa anterior de mi vida donde aprendí a identificarlos en el contexto del llamado Chantaje emocional”. Ahora me encajaba la procedencia de estos venenos. Gracias Maestro.

Los efectos de estos venenos de la mente, procedentes todos ellos del veneno supremo que es el Miedo por sentirnos separados de nuestra Fuente, abarcan un amplio abanico de formas mentales, es decir: pensamientos empapados en negatividad, sentimientos de victimismo que a su vez nos invita a la Culpa, y si hay Culpa, tiene que haber una herramienta para poder gestionarla: los Juicios y por ende la Condena.

En este punto vuelvo a hacer una pausa virtual de la conferencia.

(Extracto del capítulo IV del Libro "El Maestro de la Realidad")

martes, 6 de junio de 2017

CAPITULO IV (Extracto): Presiones, vida mediatizada...




"...En este punto recuerdo un pasaje de otro mensajero del Maestro de la Realidad que puede ilustra de forma sencilla pero clara lo que propone la idea de entender cómo las creencias nos hacen percibir nuestro mundo sin prácticamente darnos cuenta:

Examina las presiones y creencias que has incorporado en ti mismo, que reflejan el pensamiento de tu familia más inmediata, de tu familia más amplia, de tu comunidad, el grupo religioso al que perteneces, el grupo étnico, el grupo educativo/empresarial, o cualquier otra multitud de unidades especializadas de personas. 


“Determina aquellos ámbitos en los que tu vida se ve mediatizada por las disposiciones mentales predeterminadas, que hacen que tu evolución personal sea más lenta porque aquello que realmente deseas o crees no obtiene ninguna energía de tu propia singularidad” (Tu Yo sagrado .de Wayne Dyer)


Según iba procesando la información era como si un inmenso foco fuese iluminando partes de mi entendimiento, a las cuales jamás se les habría pasado por la cabeza. Nunca mejor dicho, que todo esto forma parte de mi forma de “ser” sin que yo lo supiera. Según los postulados de la conferencia, esas creencias adheridas a mi inconsciente en muchos casos generan sustancias mentales envenenadoras de la personalidad como son: El Miedo, la Culpa y la Obligación. Conceptos estos que ya me traían recuerdos de una etapa anterior de mi vida donde aprendí a identificarlos en el contexto del llamado Chantaje emocional”. Ahora me encajaba la procedencia de estos venenos. Gracias Maestro.

Los efectos de estos venenos de la mente, procedentes todos ellos del veneno supremo que es el Miedo por sentirnos separados de nuestra Fuente, abarcan un amplio abanico de formas mentales, es decir: pensamientos empapados en negatividad, sentimientos de victimismo que a su vez nos invita a la Culpa, y si hay Culpa, tiene que haber una herramienta para poder gestionarla: los Juicios y por ende la Condena..."


Extracto del Capítulo IV del libro El Maestro de la Realidad


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