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Blog del eBook El Maestro de la Realidad

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sábado, 21 de abril de 2018

EL OTRO NO EXISTE




Nadie te hace nada; todo te lo haces a ti mismo. La ilusión de creer que los demás te hacen algo, te mantiene cada vez más lejos de tu Ser y de tu poder interior. 

Los otros sólo vienen a mostrarte lo que todavía no has sanado, por lo tanto, los necesitas. Necesitas de ellos como un niño necesita de su madre. Sin ellos, no podrías hacer conciente lo inconsciente; no podrías evolucionar y ver las heridas que aún continúan en tu interior. Cuánto mas tiempo te quedes en la posición de víctima, más demorarás tu florecimiento. Responsabilidad total; eso se necesita en el camino espiritual para madurar y encontrar la paz.

El dolor o karma negativo que llevas en tu interior, convoca todas y cada una de las experiencias que atraviesas. Es gracias a ese dolor que llegan las personas conflictivas a tu vida. Ellos son en realidad ángeles: te están ayudando a que veas, sanes, te liberes y crezcas. Pero tú sigues preso de la terquedad; continúas mirando hacia afuera, buscando responsables por tu sufrimiento.

Si quieres construir sólo relaciones maravillosas; llenas de amor, armonía y respeto, ocúpate de tus reacciones. Tienes que pulirte y fortalecer tu estima tanto pero tanto, hasta que logres no reaccionar tal cual un títere emocional cada vez que te ofenden y devolver con amor y comprensión toda conducta ajena errónea. 

Si te escapas de las personas conflictivas, las atraerás nuevamente. Porque como te he dicho; las necesitas. Entonces te estarás en realidad escapando de ti mismo. Estas personas se irán solas cuando hayan cumplido su misión, es decir, cuando finalmente hayas sanado tu corazón herido.


Isis Pérez Rizo.

viernes, 11 de agosto de 2017

LA REALIDAD DE UN MUNDO HOLOGRÁFICO


Todos y cada uno de nosotros somos la totalidad de la humanidad. No puedes escapara esa verdad.

La imagen de los hologramas se puede aplicar intrínseca y extrínsecamente. Se puede cortar un diminuto fragmento de tu cuerpo y proyectarlo a través de un rayo láser, y todo tu cuerpo se verá reflejado a partir de ese fragmento diminuto. Todas y cada una de las células de tu ser contienen la energía de todo tu ser. En un nivel extrínseco, tú eres uno de esos segmentos que reflejan a toda la humanidad como un holograma.

Desgraciadamente, los pueblos del mundo todavía tienen que aplicar esta realidad a su forma de vida. La idea de que cada uno de nosotros está conectado al resto de la humanidad se abrirá paso con el tiempo, y entonces será imparable. La historia nos muestra cómo nos hemos configurado en naciones, con diversas ideologías, como capitalismo, socialismo, totalitarismo, comunismo, monarquía y democracia, que a menudo trascienden la importancia de la propia humanidad. Nos hemos clasificado sobre la base del aspecto físico y de las identificaciones nacionalistas, como italiano, estadounidense y japonés. Además, nos hemos subdividido en clases basadas en los niveles económicos o en las características de nuestras profesiones.

Los países se dividen a tu vez en derecha e izquierda políticas, en creencias religiosas, y la división continúa hasta descender a las familias y, finalmente, a los individuos. Este proceso de división es exactamente lo contrario del modelo holográfico de nuestra realidad.

Esencialmente, tanto si nos gusta como si no, los seres humanos somos iguales en todas partes.

Compartimos emociones como temor, amor, odio y celos. También compartimos la sangre que nos da vida, la entremezclamos para la supervivencia de aquellos que la necesitan, y tenemos los mismos órganos internos y los mismos pensamientos. Y, sin embargo, nuestros egos persisten en seguir realizando el trabajo de la división.

Cuando nos contemplamos como seres individuales, fomentamos nuestra inclinación a dividirnos, lo que nos aleja de nuestra naturaleza divina y de la posibilidad de manifestar nuestro destino. Necesitamos controlar el conflicto interno que nos hace dividirnos. El ego fomenta esa inclinación con pensamientos como los siguientes: la diferencia entre lo que soy y lo que debería ser; cómo me comporto y cómo debería comportarme; cómo era y cómo soy ahora; debería ser como dicen los demás; lo desconcertado que me siento en realidad; lo que piensoy cómo me siento; cómo me veo a mí mismo y lo bien que me parecen los demás; cuánto gano y cuánto ganan los demás y lo mucho que necesito. La lista es potencialmente interminable.

Todo este conflicto, como resultado de nuestra propensión a dividirnos y subdividirnos en el nivel mundial, nacional, social e individual, no es más que una expresión de caos. No podremos aportar orden al mundo o a nuestras vidas mientras no logremos reconocer que, en realidad, todos los seres humanos somos hologramas de la humanidad. Todos reflejamos al conjunto, y es esencial que empecemos a pensar de esta forma.

Cuando uno se reconoce en el holograma que es la humanidad, se conecta con todo lo que hay en su entorno a un nivel energético. Un ambientorganismo es un fiel reflejo de todo, y la energía que compartes, es compartida por todos. Esto permite que puedas utilizar la energía universal que está en todas partes, en cualquier momento, proyectándote metafóricamente para reflejar el todo. Una vez que puedas efectuar esta proyección sin dudas o reservas, podrás ver literalmente cómo tus pensamientos y deseos no están únicamente dentro de ti, sino que están dentro de toda la humanidad, que es abundantemente ilimitada. Para conseguir esto, sólo tienes que dejar de guiarte por tu ego y creer plenamente que eres un ambientorganismo.

Extraído del libro Construye tu destino de Wayne Dyer


martes, 25 de julio de 2017

UNIDOS CON EL TODO: RESONANCIAS



"La fortuna de tu vida depende de la naturaleza de tus pensamientos."
MARCO AURELIO

Ya sea por la energía de nuestro corazón, por nuestro ADN o por nuestro cerebro gracias a la fuerza del pensamiento, continuamente -tanto si queremos como si no- enviamos impulsos hacia exterior, y éstos chocan con las energías de otras personas, cuyas energías no pueden evitar vibrar junto con las nuestras cuando se encuentran en el mismo campo de resonancia. Por lo demás, nuestra energía no les toca. Simultáneamente, somos atraídos de forma natural por sus energías, cuando éstas vibran al unísono con nosotros. Somos emisores y receptores sin interrupción.

Gracias a esta compenetración con todos los demás podemos volver a mezclar completamente las
cartas de nuestra vida.

En efecto, tenemos la posibilidad de transformarlo todo en nuestra vida -no tiene importancia si buscamos una relación amorosa profunda y verdadera, la sanación o amigos, o si queremos atraer a nuestra vida la satisfacción a través de cosas materiales-.

Porque estamos unidos con el todo, nuestro campo de resonancia atrae lo que creamos con nuestros pensamientos y nuestras convicciones, y hacemos que vibre con los campos de resonancia de los demás.

Si utilizamos esta capacidad de manera concreta, disponemos de la posibilidad de transformar nuestra vida según nuestra voluntad. La premisa para ello es que conozcamos el verdadero alcance de nuestras convicciones y de nuestros pensamientos y aprendamos a dirigirlos de manera consciente, sin que encuentren acceso en nosotros la duda o sentimientos de inferioridad.

Esencialmente, siempre hay una convicción profunda en nosotros.

En nuestra vida se manifiesta todo aquello en lo que creemos y en lo que pensamos de manera preponderante -da lo mismo que se trate de curar una enfermedad o de asuntos totalmente extraordinarios-. Aquello de lo que estamos convencidos se verifica. 

Naturalmente, también se manifiestan nuestros temores, cuando les infundimos energía de manera consciente.

Así pues, tanto si se trata de nuestros miedos o anhelos más profundos, siempre hemos de buscar el origen de nuestra realidad en la fuerza casual de nuestros pensamientos, que de acuerdo con la Ley de la Resonancia atraen a nuestra vida de manera imparcial todo lo que esperamos o tememos.

"Como has tenido fe, se cumplirá"
JESÚS

Extraído del libro La Ley de la Resonancia de Pierre Franckh

jueves, 13 de julio de 2017

PON FIN A LA TEOLOGÍA DE LA SEPARACIÓN




Pon fin a la Teología de la Separación

Trabaja tu propia vida y tu sistema personal de creencias para eliminar todo pensamiento de separación de Dios. Libérate de esa teología, sin más.

La Teología de la Separación es una teología que se empeña en que nosotros estamos «aquí» y Dios está «allá». Su doctrina nos dice que Dios nos separó de Él en castigo por nuestros pecados, y que nuestra tarea consiste ahora en volver a Dios, lo cual sólo es posible si Dios lo permite; y sólo lo hará si obedecemos sus mandamientos, si seguimos sus leyes y si nos sometemos a su voluntad. En resumen, debemos hacer Lo Que Dios Quiere. (Puede consultarse mi estudio detallado de este tema en mi libro What God Wants, Atria Books, 2006.)

Esta Teología de la Separación ha producido una Cosmología de la Separación (es decir, una manera de entender la vida en este planeta con la separación como principio básico), que ha producido, a su vez, una Sociología de la Separación (es decir, una manera de socializar nuestra especie que nos exige comportarnos como seres separados, al servicio de nuestros respectivos intereses separados), que ha producido una Patología de la Separación (es decir, una conducta patológica que produce sufrimientos, conflictos, violencia y muertes a nuestras propias manos).

Nuestra Patología de la Separación sólo se curará cuando nuestra Teología de la Separación se sustituya por una Teología de la Unidad. Debemos llegar a entender que toda la vida es Una. Éste será tu primer paso, y es el primero de mi lista. Es el principio del fin de cómo son las cosas ahora. Es el comienzo de una creación nueva, del hacer realidad la próxima versión, la más grandiosa, de la visión más grande que hayas tenido nunca de Quién Eres.

La Verdad Callada nos revela que la Unidad no es una característica de la vida... sino que la vida es una característica de la Unidad. La vida es la expresión de la Unidad Misma. Dios es la expresión de la Unidad Misma. La Vida y Dios son Uno. La Unidad es Dios y la vida. Es un círculo.

Cuando hemos entendido esto, vemos a Dios en todos y en todo. Incluso en nuestros yos divinos. Vemos claramente que somos Dios "diosando". Es decir, Dios en el acto de recrearse a sí mismo. Dios, y la vida, evolucionan. Dios no permanece nunca igual, sino que se hace mayor y más de lo que es Dios a cada momento.

Extraído del libro Dios es Felicidad de Neal Donald Walsh

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