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Blog del eBook El Maestro de la Realidad

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sábado, 14 de abril de 2018

DEL MIEDO AL AMOR





He visto la verdad. No es como si
la hubiera inventado con la mente.
La he visto, visto,
y la imagen viviente de ella
ha llenado mi alma para siempre...
Si en un día, una , todo pudiera
arreglarse a la vez... lo más
importante es amar

Puede que crea que lo contrario del amor es el odio. Yo no veo estas dos emociones como opuestas. De hecho, el amor y el odio con frecuencia se encuentran muy próximos. Para mí, lo contrario del amor es el miedo.

El amor y el odio son poderosas emociones que pueden darse de manera simultánea. Hay cosas que amamos. Hay cosas que odiamos.

¿Por qué fingir que no es así? Hay momentos en que amamos lo que odiamos y momentos en que odiamos lo que amamos.

Pero cuando uno tiene miedo, no tiene amor. El ego usa el miedo como medio para mantener el amor auténtico fuera de su vida. Cuando el amor no está presente en su vida, usted ha sucumbido ante el ego y permitido que el miedo entre donde el amor reside. Ha permitido que el ego reemplace a Dios.

El amor, como dijo Dostoyevski, es lo más importante de la vida.

Constituye la esencia del universo. Es el vínculo que mantiene juntas todas las cosas. Es la sustancia de tu yo superior. «Dios es amor» es una tautología, la frase tiene exactamente el mismo significado cuando se la lee hacia delante o hacia atrás.

El ego intenta mantenerle desconectado de su amorosa esencia divina, porque el interés del ego se ha concentrado en el mundo exterior. El ego tiene miedo de morir si usted comienza a desarrollar una relación con la parte interna de sí mismo. Ser capaz de amar a su ego, basado en el miedo, incluso mientras fomenta el miedo —como técnica de supervivencia—, podría constituir uno de los más difíciles retos de su búsqueda espiritual.

Provocar miedo es una táctica del ego, ya sea de su propio ego como del ego del mundo. El ego del mundo es un reflejo del poder del ego individual y de la cantidad de miedo existente. El miedo está presente cuando no sabemos que formamos parte del designio divino de Dios. El ego hace que transmitamos la energía del miedo en lugar de la energía del amor. Y esta energía del amor está presente en todos nosotros durante nuestra breve estancia en el aquí y ahora.

Aprender a gozar de amor auténtico significa abandonar la insistencia del ego de que tiene mucho que temer y de que nos encontramos en un mundo hostil. Para aprenderlo primero hay que examinar su reticencia a abrazar el amor.


ASÍ PUES, ¿QUÉ DEBE NO GUSTARLE?
La madre Teresa de Calcuta dice que el amor es el tema central de nuestra existencia. Ella escribió: «Con este propósito hemos sido creados: para amar y ser amados». Estas útiles palabras le recuerdan que comience a dominar su ego, pues usted está aquí con el propósito de amar y ser amado.

Si no está viviendo en amor, ello se debe a que tiene miedo. Necesita examinar con honradez sus miedos, y con amor. Cuando lo haga, transformará sus miedos, mediante el amor, en amor. Abrirá dentro de usted un espacio que sólo puede ser ocupado por el amor. En este espacio tiene un propósito, recorrer el camino del yo espiritual. Pero primero tiene que ver cómo sustituir el miedo por amor.

Su ego fomenta de manera constante el miedo porque teme al auténtico
amor. Este falso yo ayuda a convencerle de que, de alguna forma,
usted está incompleto. Ésa es la fuente de todos los miedos. Así
que usted, como mucha gente, intenta llenar ese vacío con las soluciones
del ego.
Temeroso de que su vacío, su ser incompleto, quede al descubierto, dedica una gran cantidad de tiempo a crear una falsa imagen de felicidad. Pero si se detuviera y llevara a cabo una valoración realista, podría percibir que el sentimiento de ser incompleto es la llamada que le hace una parte de usted mismo que ha repudiado.

¿Qué puede no gustarle de la inteligencia universal que fluye a través de usted? Darle la bienvenida al ser espiritual que usted es, tener una experiencia humana y sentir el amor que hay en ella... ¿qué puede no gustarle de eso?

El miedo a dejar al descubierto su vacío hace que busque de form constante relaciones que el ego le dice que satisfarán el anhelo que ha en su interior. Lo que sucede es que cuando se entra en una relación s está hambriento del amor que supone el yo superior. Su anhelo se encuentra enmascarado, finge ser otra cosa. No es de extrañar que tanta gente piense repetidamente que ha encontrado el amor, y repetidamente declare haberlo perdido.

Qué diferente es cuando se puede detectar el vacío interior y pensar: «¿Qué puede no gustarme? Este anhelo forma parte del ser humano y del conocimiento del amor». Entonces le hará saber al ego que el miedo no es lo que prefiere. Imagínese cómo podría ser nuestro mundo si la gente supiera que ya está completo.
¿Qué necesitaría comprar? ¿Qué tendría que poseer? ¿A quién debería impresionar? ¿A quién necesitaría llevar del brazo? Las respuestas le darán una idea de cuan a merced estamos del miedo de que somos incompletos, inaceptables, y lo inconscientes que somos de nuestra conexión divina.

El miedo que sustituye al amor no es nada más que un miedo a que nos rechacen. A la práctica totalidad de los miedos puede seguírseles la pista hasta la propia estima. Si se ama a sí mismo, será capaz de transformar sus miedos mediante el amor, y no permitirá que dirijan su vida.

Si tiene una sensación interna de estar completo, de conocer la esencia divina, el miedo se convierte en una amorosa invitación a saber más o a cambiar algo en su vida. El miedo ya no le amenazará como hacía cuando no conocía su yo superior.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W. Dyer


viernes, 6 de abril de 2018

CONFIANZA....


La presencia de una confianza completa se manifiesta abiertamente en tu vida cuando todo aquello que piensas, sientes y haces se encuentra equilibrado y en armonía. Por el contrario, la disparidad entre pensamiento, estado emocional y comportamiento refleja un alejamiento de la actitud de confianza que intento animarte a adoptar al poner en práctica este segundo principio de la manifestación.

Examina atentamente sus pensamientos. Comprueba si esos pensamientos son totalmente congruentes con tus acciones. Decir «Creo en un cuerpo saludable» y dedicarse a comer de modo poco saludable, disuelve la confianza en uno mismo. El pensamiento, las emociones y el comportamiento congruentes constituyen fuertes indicadores de la confianza que tienes en ti mismo. Y ten en cuenta que al confiar en ti mismo, estás confiando al mismo tiempo en Dios.

Cuando uno es incongruente con sus pensamientos, está demostrando falta de confianza en la divinidad que es su propia esencia. Sé honesto contigo mismo. Identifica las incongruencias y confía en tu capacidad para trascenderlas, y atraerás así la energía que necesitas para efectuar esta transformación. Pero si te aferras a la incongruencia, si piensas una cosa y te comportas de modo poco sincero, sabotearás tu capacidad para confiar en ti mismo y también en la sabiduría infinita.

Al practicar la rendición, has de reconocer la riqueza que hay en ti, en lugar de lamentarte por tu supuesta impotencia. Al practicar la confianza espiritual, estás rindiendo tu ego y todas tus creencias alucinatorias ante un poder superior. Simplemente, te dejas llevar, sabiendo que la guía divina está siempre contigo.

· Inicia una práctica de meditación para dedicarte a contemplar el principio supremo que se encuentra más allá de las mezquindades de este mundo. Sí, estás en este mundo, pero no te hallas contaminado por él. La mente necesita y anhela serenidad. La meditación no se reduce simplemente a hacer que la mente crea que está meditando. La meditación es, literalmente, la personificación de la verdad y la confianza. La liberación se revela en la purificación de la mente.

La práctica de la meditación es una poderosa herramienta en mi vida. Soy escritor, a veces escribo durante horas y todo fluye mágicamente. Llega entonces un momento en el que ya no encuentro más palabras. Deseo escribir y no sucede nada. Por mucho que lo intente, no consigo escribir nada.

En esos momentos, he aprendido a dejar la máquina de escribir y a sentarme tranquilamente, a cerrar los ojos y rendirme. Ni siquiera sé ante qué me rindo, pero simplemente me dejo llevar e intento purificar mi mente.

Luego, al cabo de un tiempo de haberme rendido a la meditación, siento que contacto con algo que es una fuente de inspiración, y escribo entonces una página tras otra, sin tener ni la menor idea de dónde procede. Este proceso de cerrar los ojos y de serenarme, me proporciona la capacidad para conectar con esa fuente de inspiración. Y la palabra «inspiración» viene de «en espíritu».

Eso es confianza. Eso es gracia. Es saber que puedo enfrentarme literalmente a mí mismo con un espíritu de serenidad, y que atraeré hacia mí aquello que busco. Esta es la energía de la manifestación y se produce con mayor frecuencia cuando la mente está serena. Es la mente serena la que entra en contacto con la verdad.

Cuando meditamos, entramos en contacto con la parte de nosotros mismos que es verdad. El proceso de rendición nos ayuda a utilizar esta verdad en nuestras actividades cotidianas. Lo mismo sucede con la confianza.

Ríndete a ella en tus momentos de serenidad y conocerás la verdad de este principio.

Este segundo principio espiritual de la manifestación nos conduce a un lugar superior dentro de nosotros mismos. Nos aporta la confianza en algo distinto a aquello que percibimos con nuestros sentidos. Ilumina dentro de nosotros la certeza de que en este viaje hay muchas más cosas de las que se ven a simple vista, y eso nos reconforta hasta el punto de que la ansiedad y la duda dejan paso a una gran paz interior.

Cuando se confía, se sabe. Y algo que se sabe no puede verse silenciado por las opiniones contradictorias de cualquier persona con la que se encuentre. Cuando esa confianza se convierta en tu estilo de vida, serás independiente de la opinión de los demás. No necesitarás demostrarte nada ni a ti mismo ni a nadie, ni convencer a nadie de la razón de tus puntos de vista.

Serás un sabio silencioso, que se mueve a través de este plano material sabiendo que has conectado con una fuente de inspiración que te proporciona todo el sustento que necesitas. De hecho, empezarás a ver cómo este plano terrenal es en realidad una gran parte de ti mismo, mucho más de lo que hubieras podido imaginar. Y ese es precisamente el tema del tercer principio de la manifestación.


Extraído del libro Construye tu destino, de W.Dyer

sábado, 24 de marzo de 2018

ELIJO NO ACEPTAR LA CULPABILIDAD EN MI VIDA



Elijo no aceptar la culpabilidad en mi vida. Esta actitud mental crea pensamientos como: «No desperdiciaré la preciosa moneda de mi vida, mi existencia actual, inmovilizado por la culpabilidad por lo que ocurrió en el pasado».

Esta declaración exige conocer la diferencia entre a) arrepentirse de verdad y aprender del pasado, y b) pasarse la vida haciéndose reproches y sintiéndose culpable. Aprender de los propios errores y emprender acciones correctoras son prácticas espiritual y psicológicamente sanas. Hiciste algo, no te gustó cómo te sentiste después, y decides no repetir ese comportamiento. Eso no es culpabilidad. La culpabilidad aparece cuando continúas sintiéndose inmovilizado y deprimido, y esos sentimientos te impiden vivir en el presente.

Al dejarte agobiar por la culpabilidad, llenas tu energía de angustia y reproche. Te haces tantos reproches que no te sientes merecedor de recibir las bendiciones del universo o de cualquiera que forme parte de él. Los sentimientos persistentes de culpabilidad te impedirán manifestar nada que valga la pena porque estarás atrayendo hacia ti esas mismas cosas que sitúas en el universo. Cuanto mayor sea la angustia, más razones tendrás para sentirte mal y más pruebas encontrarás para demostrar que no eres merecedor de lo que deseas.

Cuando utilizas tus comportamientos del pasado para aprender de ellos y sigues adelante, al margen de lo horribles que te hayan parecido, te liberas de la negatividad que rodea esas acciones. Perdonarse a uno mismo significa que puede extender el amor hacia sí mismo, a pesar de haber percibido dolorosamente las propias deficiencias.

Una vez aprendida esta valiosa lección, buscas también el perdón de Dios. Pero si continúas abrigando el dolor en tu interior, te sentirás indigno del perdón de Dios y, en consecuencia, no podrás aceptar ninguno de tus derechos divinos, como hijo de Dios.

No importa qué es lo que no te gusta de ti mismo, incluidos tus comportamientos y tu aspecto, pero para tener éxito a la hora de la manifestación necesitas amarte a ti mismo a pesar de los defectos que puedas encontrarte. Por ejemplo, si sufres crónicamente de un exceso de peso, o eres adicto a alguna sustancia, tus frases internas de culpabilidad serán aproximadamente del siguiente tenor: «Voy a amarme realmente a mí mismo cuando finalmente alcance un peso normal», o bien: «Me valoraré verdaderamente a mí mismo como un ser humano digno cuando haya superado finalmente esta adicción de una vez por todas».

Las frases de culpabilidad no hacen sino reforzar una actitud de desmerecimiento, e inhiben el proceso de la manifestación. Tienes que cambiar estas frases y decirte a ti mismo cosas como: «Me amo a mí mismo aunque tenga exceso de peso. En primer lugar, yo no soy este exceso de peso y me niego a pensar en mí mismo en términos autodegradantes, independientemente del estado de mi cuerpo. Soy amor y extiendo ese amor a todo lo que soy». Esta misma clase de programación interna tiene que producirse en el caso de las adicciones o de cualquier otra cosa por la que te sientas culpable.

Hay 483.364 palabras en Curso de milagros. La expresión «manténte alerta» sólo aparece una vez:

«Manténte alerta ante la tentación de verte a ti mismo como injustamente tratado». La advertencia alude a la necesidad de eliminar la culpabilidad y asumir la responsabilidad por la propia vida. Al eliminar la inclinación a revolcarse en la autocrítica, también eliminamos la idea de que nos redimiremos gracias al sufrimiento en el momento presente, y de que podemos pagar por nuestros pecados con culpabilidad. La vida no funciona de ese modo. Tus sufrimientos te mantienen en un estado de temor e inmovilidad. Y esa no es la solución para los problemas de tu vida.

Existe, sin embargo, una solución, que consiste en amarse a uno mismo y en pedir a Dios que esos «defectos» no sean más que lecciones que te permitan alcanzar un nuevo nivel espiritual. Al negarte a aceptar la idea condicionada de que la culpabilidad es buena, de que mereces sentirte culpable y de que la culpabilidad te ayudará a expiar tus pecados, refuerzas la idea de ser merecedor de cualquier deseo que quieras manifestar en tu vida.

Extraído del libro Construye tu destino, De W.Dyer

miércoles, 21 de marzo de 2018

CÓMO EVITA LA VERDAD EN SU VIDA



Este apartado no está dirigido a los creativos publicitarios ni a los que mienten en su propio provecho, cometen delitos de perjurio o practican infames engaños. Lo que aquí expongo es cómo el ego nos convence de que consultemos a nuestro falso yo en la vida cotidiana.

No estamos ante un caso en que nos engañamos a nosotros mismos, sino más bien de comportamientos e ideas heredadas que hemos adoptado.

He aquí algunas de las formas más comunes de evitar la verdad.

• Jactancia o fanfarronería. Una inclinación a atraer la atención sobre usted y a exagerar sus éxitos para que los demás le vean de una. forma positiva, como alguien especial y distinto de los demás.

• Tergiversación de los hechos. Contar los hechos como le gustaría que hubiesen ocurrido en lugar de como sucedieron en realidad. Estas mentirillas veniales o exageraciones insignificantes, cuando uno se obstina en mantenerlas, se convierten en un estilo de vida.

• Engaño para salvar la fachada o evitar la vergüenza. Argumentar con el propósito de convencer a alguien de que usted es inocente de alguna mala acción. Este tipo de engaño obliga a llevar la cuenta de lo que se dijo, a quién y cuándo. Se van sumando más tergiversaciones para que la línea argumental se sostenga.

• Creación de un futuro imaginario. Mentir sobre las perspectivas de su futuro para ocultar la verdad. Uno vive su porvenir basándose en una idea falsa. Su vida es una mentira en el presente y en el futuro.

• Exageración de los hechos para atraer atención. Un ejemplo de lo difícil que resulta abandonar estas tergiversaciones lo es esta breve historia del libro lllustrations Unlimited {Ilustraciones ilimitadas), editado por James S. Hewitt:

Una niña desarrolló un mal hábito. Siempre estaba mintiendo. En una ocasión, cuando le regalaron un San Bernardo para su cumpleaños, salió a la calle y les contó a todos sus vecinos que le habían regalado un león. La madre se la llevó aparte y le dijo:
—Te pedí que no mintieras. Vete arriba y dile a Dios que lo lamentas.
Prométele que no volverás a mentir.

La niña subió al piso superior, rezó sus oraciones, y volvió a bajar.

La madre le preguntó:

—¿Le dijiste a Dios que lo lamentas?

La niña respondió:

—Sí, lo hice. Y Dios me ha contestado que a veces también a él le resulta difícil distinguir entre mi perro y un león.

La práctica de cambiar los hechos con el propósito de impresionar a otros puede ser encantadora cuando lo hace un niño. Para los adultos, es una manera de dejarse llevar por el ego para que mantenga viva las ilusiones. Este proceder le impedirá conocer su yo superior, el cual no necesita exageraciones para sentirse importante a ojos de los demás.

• Pasar algo por alto en beneficio propio. Esta historia ilustra cómo puede funcionar esto:

A un hombre le dieron el cheque de su sueldo y advirtió que le habían pagado veinticinco dólares de más, y no le dijo nada al cajero. El cajero se dio cuenta de su error, y al siguiente día de pago dedujo los veinticinco dólares del cheque del sueldo del hombre. El hombre acudió de inmediato a ver al cajero y le dijo que en la cifra del cheque faltaba dinero. El cajero replicó:

No dijo ni una palabra la semana pasada, cuando recibió dinero de màs.

El hombre contestó:

No me importa pasar por alto un error, pero cuando sucede dos veces es el momento de decir algo. Ser honrado requiere que uno diga algo con independencia de si uno se beneficia o no del error.

• Hacer trampas deliberadas en beneficio propio. La práctica de cobrarles de más a los otros o alterar los costes y luego incluir cargos falsos parece ser una práctica normal para los que permiten que su ego les gobierne la vida.

Se ha estimado que los hospitales de Estados Unidos añaden cargos excesivos y cantidades erróneas en el 99 por ciento de sus facturas. Imagínese: ¡noventa y nueve de cada cien facturas contienen errores que favorecen al hospital!

Esta práctica es demasiado corriente en muchos negocios, así como también en la vida de muchos ciudadanos. La idea de que está bien engañar a los demás conforma una manera de ser que le mantendrá apartado de la senda de su búsqueda espiritual. Lo que se encontrará es que también los otros le engañarán a usted.

» Comportamiento machista y bravucón. La necesidad del ego de aparecer como mejor o más importante crea un comportamiento que manipula a otras personas, cuando no las asusta. La prepotencia, la fanfarronería, el pavoneo, las argucias y cosas por el estilo, son actos de engaño que el ego cree que convencerán a los demás de que usted es único y especial.

• Diálogos internos sobre lo peligroso que es el mundo. El ego se sirve de los diálogos internos para convencerle de lo peligroso que es el mundo.

Cuanto más se convenza de que el mundo es peligroso, menos capaz será de conocer a su yo espiritual. Al evitar el contacto con este yo, usted no sabrá que no corre ningún peligro y que es una criatura divina.

• Autoengaño. El ego le convence de que otros son especiales y de que usted no tiene apenas valor porque es un ser inferior. Cuando se deprime con frases en que se desprecia a sí mismo y se acobarda ante los riesgos, usted está haciendo propias las afirmaciones del ego de que es débil y carece de importancia. Esta valoración negativa e irreal le aleja de la verdad y es una estrategia del ego destinada a mantenerle apartado de su búsqueda espiritual.

Para abandonar la tendencia al engaño tiene que entender por qué permite que este argumento rija su vida. Y siempre hay consecuencias derivadas del comportamiento y los pensamientos, incluso de los basados en la falsedad.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W.Dyer

miércoles, 14 de marzo de 2018

LOS DIVIDENDOS QUE OBTIENE EL EGO AL FOMENTAR LA AGITACIÓN




El ego —la falsa idea que todos tenemos de nosotros mismos—, quiere mantener este persistente estado de enfrentamiento interno por unas razones muy sólidas. Cuando uno entiende su ego, tiene mucha más capacidad para dominarlo. Cuando sepa por qué el ego se comporta como lo hace, será capaz de llevar a cabo los ajustes necesarios para que su yo espiritual posea una mayor influencia sobre su existencia.

He aquí algunas de las razones por las que el ego le mantiene en ese estado de agitación interna:

• Lo más importante, el ego ha estado con usted desde la infancia. Casi todas las personas que usted ha conocido lo han alimentado. Los antepasados de estas personas también se vieron dominados por su ego.

Su ego quiere sobrevivir. Si consigue mantenerle en un estado de agitación impedirá que conozca su yo espiritual. Desde la perspectiva del ego, Dios es una enorme amenaza. Así que hará todo lo que pueda para impedir que goce de esa placidez interna donde la voz de Dios es tan hermosamente clara.

• Su ego no quiere que cambie. Verse a uno mismo como un ser importante y especial nutre al ego y lo mantiene funcionando a pleno rendimiento.

A pesar de que el ego es en sí mismo una ilusión que lleva consigo, se comporta como si tuviera vida propia.

Su ego realizará todos los esfuerzos del mundo para convencerle de que no necesita cambiar. De hecho, si está preguntándose por qué no debería sentirse especial, podría estar escuchándolo en este mismo momento.

Ese es el tipo de pensamiento que le ha impedido realizar los cambios que conducen a la paz interior. Cuanto más le asalten tales ideas, más feliz será el ego.

• El ego se crece con el miedo. Cuando usted tiene miedo, está a merced del ego. El miedo le impulsará a comportarse de maneras que minan su yo espiritual.

Su yo superior le dice que no hay nada que temer, que el amor es la respuesta a todo y que Dios es amor. Su amorosa esencia divina le asegura que no tiene necesidad de sentirse culpable ni temeroso, y que si se siente así eso desaparecerá cuando alcance paz interior.

Pero el ego quiere que mantenga la sensación de miedo. Vivir en el miedo es una manifestación de que no confía en la energía divina ni en su sabiduría interna. Esta presencia del miedo confirma la abdicación de su yo espiritual y la creencia de que Dios no sabe lo que está haciendo.

Lo opuesto del miedo no es la valentía: es el amor.

Cuando siente amor dentro de sí, usted no siente ni culpabilidad ni miedo. Sabe que todo lo que está experimentando tiene su razón, incluso sus aflicciones, que son sus más grandes maestros, y la muerte de su cuerpo, destinó de todo lo manifiesto. Usted sabe que la muerte es una recompensa, no un castigo. Por lo tanto, no tiene nada que temer a menos que escuche a su ego cuando alienta el miedo y aparta a Dios de su lado.

• Su ego quiere que no cese de buscar más cosas que consumir y más posesiones que tener. Cuanto más acelerada sea su vida, menos tiempo tendrá para conocer su esencia espiritual. El ego le alienta para que permanezca ocupado, para que se mantenga en movimiento y evite la búsqueda espiritual.

• Su ego quiere que mire hacia fuera. Quiere que continúe mirando en la dirección equivocada para que no note la presencia de Dios en su vida. Al mirar al exterior uno alienta la presencia del ego.

Las consecuencias serán que de modo constante sentirá la presión de compararse con otros; la necesidad de derrotar a otros con el fin de sentirte poderoso o importante; de tener más y mejores juguetes; de acumular más trofeos. Todo este mirar al exterior es obra del ego. Siempre que se niegue a escuchar, él gritará que tiene que sentirse molesto cuando otros le superan; que no vale nada cuando pierde; que ser el número uno es más importante que nada; que conformarse con menos es admitir que se es un perdedor.

Todas estas creencias están profundamente arraigadas en usted. Le resulta muy difícil imaginar siquiera el no tenerlas, porque los esfuerzos de su ego y de los egos de muchos otros han estado trabajando duro para convencernos de que es la única manera de ser. Mirar al exterior provoca una sensación interna de conflicto y agitación que hará que continúe persiguiendo las pompas que le ofrece el ego.

Una sensación de paz desafiaría esas arraigadas ideas, y podría significar la muerte de su falso yo. Su ego está en lucha con su deseo de paz, y no aflojará la presa de buen grado. Gritará más y más fuerte, pero recuerde que se acobardará cuando se encare con la luz de Dios.

Éstas son algunas de las estrategias de su ego para mantenerle alejado de la paz. Le he proporcionado algunas opciones para las tácticas persuasivas del ego. Tenga presente que usted puede dominar ese ego mediante su voluntad. Lo único que hace falta es la determinación de vivir según los dictados de su yo espiritual.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W:Dyer

jueves, 8 de marzo de 2018

DE LA AGITACIÓN A LA PAZ



Trascender las identidades del ego

La flor se desvanece por sí misma al crecer el fruto. Así se desvanecerá tu yo interior al crecer el divino dentro de ti   VlVEKENANDA


Sé que puedo conectar mi mente con la mente divina y garantizarme la paz en cualquier momento

La pregunta que más a menudo se me formula con respecto al papel del yo espiritual y el ego es: «¿Cómo sé si es mi ego o mi yo espiritual el que me llama en un determinado momento?». La tercera parte, que comienza con este capítulo, ha sido escrita para guiarle hasta la respuesta a esta pregunta.

En cualquier momento de su existencia usted escoge entre dos imágenes de sí mismo. Las opciones son la que le ofrece su alma o yo espiritual, la voz de Dios, y la que le ofrece el ego o la falsa idea de usted mismo. Decida cómo se ve a sí mismo y cómo ve también a los demás.

En esencia, acepta la imagen que su ego tiene de usted y de los demás, o bien la de su yo espiritual.

La primera respuesta a la pregunta antes planteada es: «Si le aporta una sensación de paz, entonces el que está en acción es su yo espiritual ». Su yo superior le impulsa siempre a resolver los conflictos con los que se encuentra, con el fin de que haya sitio en su vida para la serenidad y la armonía. Le insto a que preste muchísima atención a esos sentimientos.

La única paz de su mundo, de su vida personal, es la paz de Dios. Si está viviendo sumido en la agitación, peleándose de forma constante consigo mismo y sintiendo ansiedad, está permitiendo que el ego domine su vida. Si se siente sereno, el ego ha sido desbancado por su yo espiritual.

Pregúntese siempre: «¿Esto me traerá paz o agitación?». Si la respuesta es agitación, ya sea en sus pensamientos como en su mundo físico, debe examinar cómo y por qué está permitiendo que el ego domine su vida. Si la respuesta es paz, sabrá qué hacer y cómo pensar. Y sabe que su yo espiritual está trabajando en su beneficio.


REEMPLAZAR LA AGITACIÓN POR LA PAZ

En todos los momentos de su vida, usted tiene la opción de escoger la paz. Su falso yo se crece en la ansiedad porque cree que eso es lo que necesita para continuar con vida. El ego fomenta pensamientos como éstos: no puedo ser feliz ni sentirme contento; tengo que ser un malvado pecador; si me sintiera en paz me limitaría a vegetar; tengo que fijarme de modo constante en cómo viven y actúan los demás con el fin de valorarme. Este continuo estado de comparación mantiene la agitación con vida.

El ego quiere que esté en un constante estado de agitación para impedirle ser uno con su yo espiritual. Le convence de que si no está siempre con los nervios de punta usted no puede desarrollarse. Pero debe tener presente que la experiencia de esta agitación es una elección que usted ha hecho, al permitir que su falso yo domine su existencia.

Cuando escoge la paz, está dejando entrar a Dios en su vida. En lugar de vegetar, descubrirá que puede estar ocupado, tener un propósito y sentirse contento, tener paz.

Todos ansiamos la placidez de vivir sin agitación ni angustia. Tenemos una sensación de iluminación interna cuando sabemos que estamos dentro de nuestro curso natural, en la senda espiritual. Así pues, ¿por qué a menudo elegimos emociones, pensamientos y creencias que nos apartan de este camino, que agitan nuestra mente, enturbian nuestra percepción y dificultan nuestras relaciones?

Es necesario que examine con cuidado aquellas elecciones que le alejan de la paz, de Dios. Saber que la paz es siempre una opción a nuestro alcance ya es un paso significativo. Esto le ayudará a domar el ego cuando insista en que usted es un ser aislado y especial.

Reemplazar la agitación que tan a menudo escoge es, pues, una simple cuestión de permitir que su yo espiritual se haga cargo en cual - quier circunstancia en la que esté a punto de sumirse en la agitación.

El ego le empujará a la lucha... alejándole de la paz. Usted tiene que estar dispuesto a verlo cuando está a punto de suceder, e invitar a su yo espiritual a que no le permita actuar a su ego.

Me gusta mucho la siguiente cita de A Course in Miracles, que yo veo a propósito del reemplazo del ego: «No hallarás paz excepto la paz de Dios. Acepta este hecho, y ahórrate la agonía de más amargas decepciones, pura desesperación, y sensación de completa impotencia y duda. No busques más. No hay nada más que encontrar que no sea la paz de Dios».

Considere estas profundas palabras mientras lee el resto del presente capítulo. Sólo retenga que, en su interior, siempre tiene esta opción, y que cuando opta por la ansiedad y la agitación está permitiendo que su ego sea quien gobierne. No lo acepte, puede ser la morada de la paz.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas , de W. Dyer

martes, 27 de febrero de 2018

MUERTA ESTÁ EL ALMA QUE DORMITA



EL SALMO DE LA VIDA
No me digas lamentándote,
¡la vida no es más que un sueño vano!
Puesto que muerta está el alma que dormita
y las cosas no son lo que parecen.
¡La vida es real! ¡La vida es grave!
Y la tumba no es su meta.
Polvo eres y en polvo te convertirás,
no se refería al alma.
Ni el goce, ni el pesar
son a la postre nuestro destino;
es actuar para que cada amanecer
nos lleve más lejos que hoy.
El tiempo es breve y el arte es largo
y nuestros corazones, aunque bravos y valerosos,
todavía, al igual que tambores sordos,
tocan marchas fúnebres hacia la sepultura.
En el extenso campo de batalla de este mundo,
en el campamento de la vida,
¡no seas como buey mudo aguijado!
¡sino héroe en el conflicto!
¡Desconfía del futuro por agradable que sea!
Deja que el pasado muerto entierre a sus muertos.
¡Actúa, actúa en el vivo presente
el corazón firme y Dios guiándote!
Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan
que podemos sublimar las nuestras,
I / 1 )
y al partir tras de sí dejan
sus huellas en las arenas del tiempo.
Huellas por las que quizás otro que navegue
por el solemne océano de la vida,
un hermano náufrago desolado,
al verlas, vuelva a recobrar la esperanza.
En pie y manos a la obra,
con ánimo para afrontar cualquier destino.
Logrando y persistiendo,
aprendiendo así a trabajar y a esperar.

Henry Wadsworth LONGFELLOW
(1807-1882)

«Muerta está el alma que dormita». Deja que tu alma cobre vida y experimente la vida a través de tu existencia física. Puedes empezar leyendo este popular poema cada día y permitir que la grandeza de su autor inspire tu entusiasmo. Luego prueba algunas de estas sugerencias prácticas:

• Cada vez que inicies una actividad, como caminar por la playa o ir a un partido de fútbol, hazlo como si fuera la primera y la última vez que vas a tener esta experiencia. Esto te dará una perspectiva renovada y te proporcionará entusiasmo en todo lo que estás haciendo. Tengo ocho hijos y me sería imposible enumerar la cantidad de espectáculos, conciertos, audiciones, recitales, partidos de fútbol, de baloncesto, de béisbol, entrenamientos y desempates a los que he asistido. Practico esta sugerencia cada vez que voy. Imagino que es la primera vez que lo hago, o bien la última, y eso hace que mi entusiasmo se reavive considerablemente.

• Cambia tu actitud respecto al modo de definirte como persona. En vez de decir: «Soy una persona poco expresiva», piensa: «Voy a dejar que se manifieste mi entusiasmo por la vida». Siempre puedes elegir entre dejar que tu alma dormite o que disfrute en este cuerpo a través de ti.

• Corrige tu inclinación a no ser participativo en la vida. Permanecer al margen mientras los demás participan de la acción está bien, pero cuando dejes que tu entusiasmo por la vida triunfe, sabrás lo que Longfellow quería decir cuando te recordaba que te pusieras en pie y actuaras.

• Otro de los grandes poemas de Longfellow habla del paseo de Paul Reveré y empieza con las famosas líneas: «Escuchad, hijos míos, y oiréis...». Léelo entero y siente la emoción de ese momento épico y cómo el autor se entusiasma al explicar la historia. Aún apesadumbrado por la muerte de su esposa, este hombre pudo ponerse en pie y actuar «con ánimo para afrontar cualquier destino».

domingo, 25 de febrero de 2018

ALGUNOS COMPORTAMIENTOS QUE NOS ALEJAN DE LA PAZ


Cuando carezca de paz, recuerde que es su ego, la falsa idea de sí mismo, el responsable. He aquí algunos de los comportamientos más comunes y aceptados que contribuyen a la ausencia de paz.

• Enfrentamientos y discusiones. Nada provocará con mayor rapidez una sensación de agitación que el que usted participe en una pelea o discusión. Siempre tiene una alternativa. ¡Siempre! Discutir o no discutir. Enfrentarse o no enfrentarse.

Cuando opta por la discusión o el enfrentamiento, está permitiendo que su ego relegue a su yo espiritual. He ahí a su ego hablándole: «Tú eres un ser distinto de tu cónyuge/ese dependiente/esos burócratas. Necesitas demostrarles lo especial que eres y que no pueden imponerte las cosas. Diles lo que piensas y no les escuches».

En la raíz de este punto de vista de la vida está la siempre presente necesidad de tener razón. Cuando uno no lo necesita, ya no hay lugar para la agitación.

• Competiciones y comparaciones. Cuando se compara con otros como forma de medir su actuación, está a merced de su falso yo. Ha aceptado la errónea idea de que Dios tiene favoritos, y que usted será mejor cuando esté por delante de alguna otra persona.

El ego le dicta mensajes que probablemente le han enseñado a creer que son importantes para su éxito en la vida. El ego le dice: «Si él/ella puede, tú también puedes. Tú eres mucho más inteligente/guapo/fuerte/ más espiritual que él/ella. Tienes que hacer valer tu superioridad y demostrarle la verdad. Eres el mejor. Ahora sal ahí afuera y demuéstraselo a todos. Tienes que comprarte algo que ellos no puedan permitirse, para demostrar el éxito que tienes».

Este diálogo interior, originado en el ego, garantiza que esa paz y armonía interiores no se encontrarán a su alcance.

• Persecución y lucha. Las escenas cinematográficas de persecución tienen eco en una parte de nosotros. Cuanto más intensa es la persecución, más éxito tiene la película. Escaleras arriba, en lo alto de barrancos; coches, aviones, trenes; armas de fuego, aparatos robóticos, violencia y escenas de choques; por encima de cercas y a través de bosques, ... siempre vamos hacia el ego. Éstas son también las escenas de su vida interior cuando el ego está al mando. Esa carrera tras un éxito y tras otro, le demuestra que usted es mejor que todos esos haraganes que están esperando algo a cambio de nada.

Vaya tras los ornatos del éxito y los símbolos del mérito por luchar y su recompensa serán más oropeles, una búsqueda sinfín de ornatos y un vacío interior allí donde podría residir la paz.

Así funciona su falso yo, así le habla: «Eres especial. La forma de demostrarlo es acumulando éxitos. Eres diferente de todos los demás.

Ahora demuéstralo obteniendo ese ascenso, no tengas en cuenta tus sentimientos. Tienes que sentirte ofendido cuando alguien te supera.

¿Quieres que la gente piense que es mejor que tú? Persigue esos incentivos. Cuando los hayas obtenido, serás el mejor. Recuerda, si no sabes adonde vas, ¿cómo lo sabrás cuando hayas llegado?».

Al ego le encanta verle luchar. No quiere verle satisfecho, que esté en paz y conozca a Dios en su interior. En ese caso podría no necesitar al ego, así que él le azuza para que olvide esas zarandajas y continúe luchando. El ego le dice que no cese de correr, que hay un ataúd esperándole para cuando acabe la carrera.

• Preocupaciones. Cuantas más preocupaciones aflijan su mundo interior, menos tiempo tendrá para gozar de la paz. La preocupación es la ausencia de paz, y al ego le resulta extraordinariamente fácil eliminar la paz mediante las preocupaciones.

El ego está programado para sembrar preocupaciones, de ahí que le diga: «Deberías preocuparte. Hay muchísimas cosas por las que preocuparse.

Podrías enfermar. Uno de tus seres queridos podría sufrir un accidente. Tú podrías perder el empleo. Podrías divorciarte. Podrías arruinarte. Podría caérsete el pelo. Podrían hacerte una inspección de Hacienda».

El ego se crece con estos pensamientos, es feliz cuando usted utiliza toda su energía en preocuparse, sin dejar lugar para esa zarandaja de la paz.

• Decir «¡Fíjese en mí!». Todo el tiempo que dedica a repetir de una forma u otra esta frase, es tiempo que pasa apartado de la paz y la armonía. La necesidad de que se fijen en ellas y les den aprobación es un trabajo casi de. jornada completa para algunas personas.

El ego utiliza de forma eficaz esta táctica para relegar al yo espiritual, se sirve de frases como las siguientes: «Si no se fijan en ti, es que hay algo malo en tu persona. Eso demuestra que eres inferior. Pregúntales a los demás si piensan que eres especial. Si no reconocen que lo eres, haz algo para atraer su atención. Tienen que fijarse en ti, y lo harán si dedicas una gran cantidad de tu energía vital a asegurarte su aprobación. Implórala, róbala, llora si no la obtienes, siéntete inseguro y ansioso si te la niegan».

Cuando necesite que se fijen en usted y le aprueben, le embargará la agitación y ansiedad. La armonía no puede convivir con los actos que dicta el ego.

• Imponerse fechas límite y aceptar presiones. Cuando siente las presiones que usted mismo ha aceptado, renuncia a su potencial de paz y permite que su ego tiranice a su yo espiritual. Este es el constante trabajo de su falso yo para impedirle conocer su amorosa esencia divina.

Lo hace con las siguientes frases: «Tienes que demostrar quién eres, no sólo haciéndolo mejor que todo el mundo sino también haciéndolo más rápido y sin tacha. Ponte multitud de fechas límite. Acepta esas presiones por alto que sea el coste. Cuanto más se aproxime la fecha límite, más ansiedad deberías sentir. Es bueno. Mantendrá tu atención centrada donde corresponde: en tus éxitos, en tu calidad de especial y aislado, en lugar de en esa tontería de la serenidad. La serenidad es para los perdedores. Tienes algo que demostrar y tienes que hacerlo ahora».

El ego es un maestro en la tarea de convencerle de que necesita sumirse en el trabajo, hacer mucho y conseguir mucho dinero.

• Acumulación y adquisición. Cuanto más tiene, más especial es us ted, según el ego. Cuanto más especial es usted, más se confirma que es alguien que no tiene nada que ver con todos los otros que tienen menos.

No hallará paz midiendo su valor según sus adquisiciones. Por lo tanto, el ego le convence de que no es paz lo que necesita. El ego quiere hacerle creer que las cosas son más importantes. Le dice: «Acumula tantas posesiones como puedas, y siéntete apegado a ellas. Tendrás una sensación de orgullo y logro cuando des lustre a esos trofeos y acaricies a todas esas cosas de tu valiosa colección. ¿De qué otra forma sabrás que has tenido éxito si no posees algo tangible que lo demuestre? Ahora sal ahí afuera y consume, colecciona, adquiere y acumula tanto como puedas. Ésas son las verdaderas pruebas de que eres especial».

• Parlotear con uno mismo, «Olvídate de todo eso de la meditación. Sólo te pondrá en la peligrosa situación de verte seducido por malos espíritus que constituyen la esencia de tu personalidad. Mantén la mente ocupada. Piensa en tantas cosas como puedas. Haz que esos pensamien tos no cesen, aunque el anterior no tenga relación con el siguiente.»

Este es el mensaje del ego, mantener su mente charlando durante todo el día, perturbando incluso su sueño. Cuanto más charle su mente y se mantenga ocupada, menos lugar habrá para la paz y la armonía.

Una vez más, esto es obra del falso yo.

El falso yo está ocupado en convencerle de que usted es algo que no es. Para mantener esta ilusión, no quiere que conozca nada que se parezca al silencio y la paz interiores. El ego le empuja de modo constante hacia el ruido y las interrupciones, con la esperanza de evitar que conozca su yo espiritual, que crece en la armonía y el silencio.

• Regocijarse con los problemas de los demás. Cuando usted encuentra alguna felicidad en los sufrimientos ajenos, incluidos los que padecen aquellos a los que consideramos enemigos, el ego ha hecho presa en usted. Quiere que piense en usted como en alguien sin conexión con los demás. Cuando otros tienen problemas, el ego dispone de una oportunidad para cimentar esas creencias.

Toda chàchara, parloteo, chismorreo que entretienen a la gente son obra del ego. Ocuparse de las desdichas de otros demuestra que usted no quiere ayudarles sino sentir placer o diversión ante sus dificultades y humillaciones.

Su ego le dice: «Esas personas se merecen lo que tienen. No son tus amigas. Obviamente son malas porque no están de tu lado».

Su ego alimenta la idea de su aislamiento. Ocuparse de los chismorreos, creer que los malos están recibiendo su merecido, y el horror de la vida diaria recogido por los medios de comunicación como si fuera un entretenimiento... Todo ello confirma que usted está solo en el mundo.

Éstas son algunas de las creencias, actitudes y conductas cotidianas más típicas que alimenta el ego para evitar la paz. Si encuentra dichos elementos en su vida, es muy probable que advierta que este tipo de comportamiento se manifiesta también en lo físico.

Si es consciente de que cada pensamiento tiene una contrapartida física, puede ver que estos hijos del ego se materializan en su cuerpo. La presencia de este constante estado de tensión derivado de demostrar quién es, ir a la carrera, parlotear con uno mismo, preocuparse, perseguir, adquirir y competir, produce los mismos resultados en su cuerpo.

La tensión concomitante que aparece con todos estos pensamientos engendrados por el ego genera tensión en el cuerpo.

Presión sanguínea alta, úlcera, trastornos cutáneos, jaqueca, dolor de espalda e incluso enfermedades graves como el cáncer, la apoplejía y los trastornos hepáticos son los dividendos que produce el dominio del ego. Estos trastornos se manifiestan porque usted permite al ego crear agitación para evitar la paz que se encuentra en su interior. Saber que así funciona el ego debería ayudarle a dominarlo y conocer su yo espiritual.

Extraído del libro Tus Zonas sagradas, de W.Dyer

domingo, 11 de febrero de 2018

ALGUNAS NORMAS PARA UNA IMAGINACIÓN SALUDABLE



Norma número uno: no pongas nunca en tu imaginación ningún pensamiento que no te gustaría
que se materializase.

Igual de importante es la norma número dos: nunca dejes que tu imaginación se contamine con ideas sobre lo que era antes tu vida. Necesitas fe en tu capacidad de convertir lo no existente en tu realidad. El hecho de que hasta ahora no hayas percibido en tu vida cotidiana la magia de lo no existente no es motivo para envenenar tu imaginación con los pensamientos que te han llevado a donde estás, o a donde has estado casi toda la vida. No puedo remediarlo, yo siempre he sido así : esta es una afirmación que indica el uso que has hecho en el pasado de tu imaginación, y que te retrotrae al nivel común de conciencia al que me he referido en el primer capítulo. Ahora tienes que estar dispuesto a modificar tu concepto del yo, pero no podrás llevarlo a cabo si sigues aferrándote a ideas viejas que en otro momento fueron tus verdades. Esas verdades te han impedido lograr el total cumplimiento de tus sueños.

Tu imaginación puede ser sometida a una completa revisión. Cambia esas viejas ideas de Siempre he sido así, es mi manera de ser, es lo único que he conocido, por Yo soy Dios, soy una persona capacitada, soy fuerte, soy rico, soy feliz... Por usar las palabras de Saint Germain, «¡YO SOY la presencia dominante! Y en uso de mi dominio hago que esta “Presencia YO SOY” gobierne a la perfección mi mente, mi casa, mis asuntos y mi mundo».10 Aplica tu imaginación al cumplimiento de todos tus deseos realizados en Dios y en concordancia con él. Amplíala más allá del concepto del yo que te limita a la conciencia común.

La norma número tres te recuerda con énfasis que tu imaginación es pura y exclusivamente tuya. Se trata de un ámbito vasto y sin límites que está dentro de ti, y en el que no puede entrar nadie más. Nadie puede echar una ojeada a tu imaginación, ni introducir pensamientos que les convengan a ellos, ni sacar ninguna idea que se esté filtrando a través de esa magna imaginación que posees. Tu imaginación es el terreno fértil del que dispones para cultivar los brotes que decidas plantar para futuras cosechas. Esta norma te aconseja no dejar jamás que ocupen tu imaginación ideas ajenas sobre lo que te resulta posible o imposible, sobre cómo deberías pensar, sobre quién deberías ser o sobre cualquier otra cosa. Haz inventario cada cierto tiempo de todas las ideas contenidas en tu imaginación. Fíjate en que muchas de ellas tuvieron su origen en las sugerencias bienintencionadas de otros, y que remontándose a tu más tierna infancia, llegan hasta hoy


Extraído del libro Todo lo qu epuedas imaginar, de W. Dyer

viernes, 9 de febrero de 2018

CONOCIMIENTO vs PRÁCTICA


No creas en lo que has oído.
No creas en la tradición porque provenga de muchas generaciones.
No creas en nada de lo que se ha hablado muchas veces.
No creas en algo porque haya sido escrito por algún viejo sabio.
No creas en las conjeturas.
No creas en la autoridad, en los maestros o en los ancianos.

Cuando hayas observado y analizado detenidamente una cosa,
que esté de acuerdo con la razón y beneficie a uno y a todos,
entonces acéptala y vive conforme a ella.

BUDA (563 a.c-483 a.c.)


La palabra clave del fragmento es «creer». De hecho, la frase principal es: «No creas». Todo aquello que llevas contigo y que denominas creencia, lo has hecho tuyo debido en gran parte a las experiencias y los testimonios de otras personas. Si te llega a través de una fuente exterior, independientemente de lo convincente que pueda ser el proceso de condicionamiento y de cuántas personas hayan contribuido a convencerte de la verdad de esas creencias, por el hecho de que sea una verdad ajena debes recibirla con dudas e interrogantes.

Si tuviera que intentar convencerte del sabor de un delicioso pescado, quizá me escucharías, pero tendrías tus dudas. Si te enseñara las fotos de ese pescado y cientos de testimonios de personas que apoyaran mis afirmaciones, puede que estuvieras más convencido. Pero aún te quedaría la duda, porque no lo habrías probado. Puedes aceptar la verdad de que a mí me resulte delicioso, pero hasta que no pruebes personalmente el pescado, tu opinión será sólo una creencia basada en la mía, en mi experiencia.

Lo mismo sucede con todos los bienintencionados miembros de tu familia y con tus antepasados.

El hecho de que una creencia goce de una tradición de siglos y haya sido respaldada por los más grandes maestros no es motivo para aceptarla sin más. Recuerda lo que dice Buda: «No creas».

En vez de usar el término «creencia», intenta cambiarlo por la palabra «conocimiento». Cuando tienes la experiencia directa de saborear el pescado, obtienes el conocimiento. Es decir, lo incorporas conscientemente y puedes determinar la verdad basándote en tu experiencia. No sabes montar en bicicleta o nadar por tener una creencia, sino por tu experiencia directa.

El «iluminado» de hace veinticinco siglos te recuerda directamente que apliques este mismo entendimiento en tu práctica espiritual.

Hay una diferencia fundamental entre haber oído hablar de algo y conocerlo. «Haber oído hablar» es otra forma de decir «creer». «Conocer» es un término exclusivamente reservado para la experiencia directa, que significa la ausencia de duda. Recuerdo a un conocido curandero kahuna que respondió a mis preguntas sobre cómo llegar a ser sanador. Me dijo: «Ante una enfermedad, cuando un conocimiento se enfrenta a una creencia, el conocimiento siempre triunfa». Me explicó que los kahunas eran educados para dejar a un lado las dudas y abrazar el conocimiento.

Cuando pienso en las parábolas que presentan a Jesucristo como el gran sanador, no puedo albergar ninguna duda. Cuando Cristo se acercaba a un leproso no decía: «Últimamente no hemos tenido mucho éxito con la lepra, pero si sigues mi consejo, tendrás un treinta por ciento de posibilidades de sobrevivir en los próximos cinco años». Es fácil ver toda la duda que alberga esta frase. Él hubiera dicho desde su estado de conocimiento absoluto: «Estás curado». Éste es el mismo estado de contacto consciente con el conocimiento que permitía a san Francisco realizar sus curaciones milagrosas. De hecho, todos los milagros resultan de transmutar la duda en conocimiento.

No obstante, la capacidad persuasiva de la influencia cultural es muy fuerte. Constantemente te están recordando lo que has o no has de creer, lo que todos los miembros de tu grupo social han creído siempre y lo que pasará si no respetas esas creencias. El miedo se convierte en el eterno compañero de tus credos y, a pesar de las dudas que puedas tener, sueles adoptarlos y se convierten en las muletas en las que apoyas tu vida mientras buscas una salida para las trampas que cuidadosamente han sembrado generaciones de creyentes anteriores a ti.

Buda nos da un gran consejo y, como podrás ver, en su conclusión no aparece la palabra «creer». Él nos dice que cuando una cosa esté de acuerdo con la razón —es decir, cuando sepas que es cierta basándote en tu observación y en tu experiencia— y beneficie a uno y a todos, entonces, sólo entonces, ¡vive conforme a ello!


En este libro te ofrezco un compendio sobre algunos de los genios más famosos y creativos de todos los tiempos. Sus palabras te hablan desde otra época, y te animo a que hagas lo mismo con ellas que con las que te ha transmitido tu cultura desde hace muchas generaciones.

Ante todo, pon en práctica los consejos que aquí se exponen.

Pregúntate de qué modo se ajustan a tu propia razón y sentido común y, si te benefician a ti y a los demás, entonces vive de acuerdo a ellos. Es decir, forja tu conocimiento.

Cuando te niegas a dejarte influir por los patrones establecidos, la gente te ve como una persona insensible o indiferente a la experiencia y las enseñanzas de los demás, especialmente de aquellos que más se preocupan por ti. Te sugiero que leas varias veces estas palabras de Buda. El no habla de rechazo, sólo de ser lo bastante adulto y maduro para tomar tus propias decisiones y vivir según tu conocimiento, en lugar de hacerlo conforme a la experiencia y el testimonio de los demás.

No podrás aprender nada a través de los esfuerzos ajenos. Los más grandes maestros del mundo no te podrán enseñar nada, a menos que estés dispuesto a aplicar lo que te ofrecen basándote en tu conocimiento. Esos grandes maestros sólo te ofrecerán opciones en el menú de la vida. Pueden hacer que éstas resulten muy atractivas y en último término tal vez te ayuden a elegir. Puede que hasta escriban el menú, pero el menú nunca podrá ser la comida.

Extraído del libro La Sabiduría de todos los tiempos, de W.Dyer

martes, 6 de febrero de 2018

LAS METAS DEL EGO (III) La libertad de la química



El uso de una sustancia química para sentirse libre es el ego en el peor de sus aspectos: una ilusión que alimenta una ilusión. El uso de sustancias químicas genera alucinaciones y delirios en la vida cotidiana.

El coste de esta forma de abordar la libertad es la libertad misma.

El precio de las breves experiencias de libertad fundadas en el consumo de drogas lo pagan demasiados seres humanos. Nacen bebés adictos a la cocaína; adolescentes que se prostituyen para pagarse la droga, se destruyen familias y vidas; hay una escalada en la delincuencia, la productividad disminuye; la pobreza aumenta; las condiciones de vida se convierten en inhumanas.

La búsqueda de la libertad mediante el uso de sustancias químicas ha atrapado a los consumidores en una vida en la que no se tiene nunca lo suficiente. El ego le dice a tal consumidor: «Serás libre cuando experimentes el éxtasis que se consigue con esta sustancia química».

Pero el placer no pasa de ser físico. Dura sólo un momento. Y lueg vuelve a presentarse el ego, exigiendo màs.. Nunca se llega a la libertad por ese sendero. Uno acaba haciendo cualquier cosa por conseguir aquello que ha acabado despreciando.

¿Es auténtica libertad esto? Si lo fuera, uno sentiría que ha llegado al punto de la satisfacción. Uno diría: «¡Esto es! No necesito nada más».

Cuando se supera el ego, de modo simultáneo uno traba amistad con la amorosa presencia divina que reside dentro de todos. Entonces el sujeto se dirá: «Esto es. No necesito nada más. Quiero más amor, más vida, más propósito; todo lo cual parece alcanzable gracias a mi yo espiritual y el conocimiento de mi senda. Quiero autenticidad; no necesito una dosis de droga ni una resaca, ni empobrecerme para alimentar mi hábito».

La idea de que una sustancia química proporciona libertad es falsa.

Lo único que obtendrá de una idea falsa es la necesidad de más e insudar vida al falso yo, al ego.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas , de W.Dyer.

sábado, 3 de febrero de 2018

LAS METAS DEL EGO (II) La libertad del dinero


Recuerde que el ego crece con el consumo. La falsa creencia es que cuanto más tenga, más adquirirá y en definitiva de mayor libertad disfrutará.

Usted puede comprar la libertad, le dice el ego, y es libre de gastar incluso el dinero que no tiene todavía. El ego insiste en que lo único que tiene que hacer es quererlo y que el ser especial le da derecho a ello. Ni siquiera tiene que ganarlo, sólo quererlo.

Cualquier libertad entendida de esta manera es falsa y por lo general requiere de tarjetas de crédito. Uno no es libre; de hecho, se es esclavo del crédito. Se acumulan deudas a un interés usurario; hipoteca su futuro y su felicidad; emponzoña su vida con preocupaciones y miedos; todo esto no aporta auténtica libertad, en ningún sentido.

Los objetos no pueden darle la libertad. Eso es una trampa preparada por el ego para mantenerle en una búsqueda consumista, alimentando siempre esa falsa idea. El ego insiste en que encontrará lo que busca, siempre y cuando continúe esforzándose por incrementar su éxito económico.

Pero ¿qué es lo que busca? Cuando yo era niño pensaba que era estar en el equipo de hockey. Conseguí entrar en él y vi que no era eso.

Más tarde pensé que una cita con Penny, lo sería. Ella era maravillosa, pero tampoco era eso. Pensé que tener mi propio coche lo sería. Luego que lo sería estar en la Armada. Y luego que entrar en la universidad.

Después pensé obtener una licenciatura. Pero con cada logro, no conseguía alcanzar lo que buscaba.

Así que pensé que mi esposa lo sería, luego un hijo, o varios. Todos fueron acontecimientos maravillosos en mi vida, pero no eran lo que yo buscaba. Más tarde pensé que sería mi primera plaza de profesor, despuès mi primer libro, y más tarde mi primer bestseller. Mas la meta seguía siéndome esquiva. La auténtica felicidad no puede comprarse ni hallarse fuera de uno mismo. Usted no hallará esa esquiva meta en el dinero, la fama, el prestigio, las posesiones, ni siquiera en la familia.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W.Dyer





jueves, 1 de febrero de 2018

METAS DEL EGO (I) La libertad sexual


La práctica de la libertad sexual ha producido exactamente lo contrario a la libertad auténtica. La idea de libertad sexual ha creado una falsa libertad que tiene un inmenso atractivo para el ego.

La libertad sexual ha deshecho muchas vidas. No estoy adoptando una postura moralista respecto de la promiscuidad sexual. Estoy señalando que es obra de su falso yo el convencerle de que este tipo de actividad sexual tiene algo que ver con la libertad. Una prueba clave de si se halla en la senda de su yo espiritual o en la senda externa de su ego es la cantidad de paz y armonía que sus metas le aportan a su vida.

Nuestra búsqueda de tal libertad ha traído el mayor incremento de enfermedades de transmisión sexual de la historia de la humanidad.

Está claro que la libertad sexual ha producido grandes daños. Dios es paz. El ego es dañino. Una súplica de las que aparecen en la Biblia: «Dios, líbrame de mi ego».

La sexualidad impulsada por el ego es un reflejo de nuestro anhelo por conocer nuestro yo espiritual. El ego nos convence de que esa libertad sexual nos aportará la paz, el gozo y el èxtasis que sabemos que nos aguardan en alguna parte. Cuando aceptamos las soluciones del ego, obtenemos una falsa libertad.

La auténtica libertad proporciona la libertad de conocer y sentir el amor de Dios dentro de usted mismo, y de compartir esa experiencia en el mundo físico, como una afirmación de ese amor, no como un fin en sí.

Esta libertad se encuentra mirando en la dirección contraria a la del ego, donde su yo superior espiritual está esperándole. Compartir tanto su yo físico como su yo espiritual es la verdadera libertad sexual.

El placer es una experiencia gloriosa y le insto a que tenga una vida lo más placentera posible. Pero no confunda el placer con la libertad.

La libertad inspirada por el ego siempre se basa en una falsa sensación de seguridad porque el ego mismo es una idea engañosa.

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas , de W. Dyer

sábado, 27 de enero de 2018

EN MI MUNDO, NUNCA NADA VA MAL



«En mi mundo, nunca nada va mal.» Estas palabras fueron pronunciadas por Nisargadatta Maharaj en respuesta a una entrevistadora que, exasperada, le pidió a Maharaj que hablara de los problemas de su vida. Para mí, es la afirmación de mayor fuerza que haya oído jamás.

La tengo presente cada día de mi vida y he hecho colgar una reproducción de la misma en un lugar estratégico de mi despacho como recordatorio de su supremo valor.

La entrevistadora insistió en que Nisargadatta tenía que tener problemas  como todos los otros seres humanos. Nisargadatta le dijo:
—Usted no tiene ningún problema, sólo su cuerpo tiene problemas... En su mundo, nada perdura; en el mío, nada cambia.

¿Por qué diría este iluminado maestro que en su mundo nada iba nunca mal? Yo creo que se debía a que estaba hablando desde la posición del espectador comprensivo.

Dentro de todos nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Este es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Este observador comprensivo no se revela con instrumentos científicos y no aparece en las autopsias.

Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal porque el mal no carece de sentido para el observador. Todo tiene su orden. Nada se cuestiona desde esa perspectiva. Es como vivir en el paraíso, donde están la eternidad y el alma, al tiempo que uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.

No estoy sugiriéndole que se retire y se deshaga de todas sus posesiones materiales con el fin de hallar esa clave para la conciencia superior, aunque, desde luego, es una posibilidad. En cambio, quiero que considere cómo estas palabras de «nunca nada va mal», de «no tener problemas» y de «vivir en el mundo de lo inmutable» pueden aplicar se a su despertar espiritual.

Hay muchísimo que aprender de estas ideas. Cultivar la condición de espectador le pondrá en el sendero donde su yo superior comienza a influir sobre su ego físico en lugar de que suceda lo contrario.

Como dice Maharaj: «Dedícale toda tu atención, examínalo con amoroso cuidado, y descubrirás alturas y profundidades del ser con las que no has soñado, absorto como estás en la insignificante imagen de ti mismo». Estas palabras describen el poder y el valor de cultivar la condición de observador.

La manera de sentir y vivir nuestros apegos y sufrimientos puede cambiarse cuando se aprende a acceder a la actitud del espectador. He aquí las principales ventajas cuando uno traba conocimiento con su observador comprensivo:

1. Cuando usted cultiva la condición de testigo comprensivo, adquiere conciencia de que es algo más que sus pensamientos, sentimientos y sensaciones cotidianos. Usted aprende que es mucho más que un cautivo del conjunto de creencias y comportamientos adquiridos que ha practicado a lo largo de su vida. Adquirirá una visión más amplia de quién es, y esta nueva percepción le conducirá a niveles de vida más elevados.

Le pondrá en contacto con su alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, usted será capaz de elevarse a alturas que sus creencias anteriores le impedían ver.

En las relaciones, comenzará a trascender su ego y abandonará la necesidad de tener razón. La simple observación de sí mismo le revelará hasta qué punto son limitadoras las antiguas formas de ser. El espectador comprensivo abrirá la puerta a la comunión espiritual con los seres queridos.

El aprendizaje de cultivar la condición de espectador añadirá nuevas dimensiones a su vida, y le conducirá a una existencia más espiritual y jubilosa.

2. Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, adquiere conciencia de que usted es algo más que aquello que le molesta. Al cultivar la condición de observador, la verdad de «en mi mundo nunca nada va mal» se hace evidente.

Uno desarrolla un saber que trasciende lo que llamamos nuestros problemas. El espectador no se identifica con ellos. Los ve como concernientes al cuerpo, y pueden ser resueltos sin desesperación. Distanciándose de ese modo, los problemas no pueden fijarse en su mundo interior.

Usted se volverá casi indiferente porque poseerá el conocimiento de que en ese mundo del cuerpo todo cambia, nada permanece igual. Los problemas también cambiarán. Llegarán y se marcharán. La frase «también esto pasará» adquiere un significado más personal y relevante.

Si aprende a ver las dificultades no como algo que se inscribe en su yo interno sino como manifestaciones pasajeras del mundo de lo físico, cultivará la condición de espectador en el sendero de su búsqueda espiritual...

Extraído del libro Tus Zonas Sagradas, de W.Dyer

lunes, 22 de enero de 2018

PIERDE EL TIEMPO HOY



Pierde el tiempo hoy,
y mañana será igual y pasado aún peor.
Cada indecisión conlleva sus propios retrasos
y los días se pierden lamentando el tiempo perdido.
¿Estás decidido? Pues no dejes escapar el presente,
la audacia es genialidad, poder y magia en sí misma.
Basta con que te comprometas y la mente se enardecerá,
¡empieza ya y se realizará el trabajo!
Johann Wolfgang von GOETHE (1749-1832)
Fausto

Johann Wolfgang von Goethe, poeta alemán, dramaturgo y novelista, expresó su interés por el desarrollo orgánico natural de las cosas y por la necesidad del ser humano de creer en sí mismo y de evitar una caracterización idealista.

Johann Wolfgang von Goethe es universalmente reconocido como uno de los grandes gigantes de la creatividad en un sorprendente número de campos. Fue la materialización de lo que consideramos una personalidad humanista. No sólo tuvo una posición reconocida como dramaturgo, novelista, poeta, periodista, pintor, político, educador y filósofo naturalista. Los éxitos que consiguió en sus ochenta y dos años de vida pueden catalogarse de olímpicos y entre ellos se incluyen ciento treinta y tres grandes volúmenes, de los cuales trece son científicos. Escribió prodigiosamente sobre temas variados en sus cuentos de hadas, novelas y obras históricas, y culminó el trabajo de su vida con Fausto, una de las piezas maestras de la literatura moderna.

El mensaje que Goethe nos transmite en nuestros días no se encuentra en su voluminosa obra, sino en el modo en que vivió.

Dedicado a multiplicidad de metas y dispuesto a gozar al máximo de todas sus actividades, demostró su voluntad de vivir una vida plena y resplandeciente. Goethe, hombre con una enorme energía creativa, estaba gloriosamente vivo. Mucho podemos aprender si dejamos que su grandeza nos guíe en nuestro mundo de hoy.

Este fragmento de Fausto es uno de los pasajes más citados de la literatura de autoayuda. Probablemente habrás oído o leído la sexta línea: «La audacia es genialidad, poder y magia en sí misma». Se ha citado en muchos libros, incluyendo uno que yo mismo escribí hace más de veinte años. En esta recopilación, en la que analizo lo que nos han transmitido a través de sus escritos sesenta de las mentes más sabias y creativas de todos los tiempos, he querido incluir este sexto verso sobre la genialidad en el contexto de todo el poema.

Mientras trabajaba en este libro, a medida que iba avanzando diariamente leía a mi editora el material por teléfono. Cada día me decía algo como: «¡Wayne, eres sorprendente! No sé cómo puedes crear un material tan bueno todos los días. No sólo creas o escribes. Primero lees e investigas y luego describes creativamente lo que has asimilado de estos filósofos y poetas. ¡Consigues inspirarme!». Yo sonreía interiormente por el cumplido y le respondía que no había ningún secreto. Para lograr una creatividad coherente, la solución se encuentra en la última línea de «Pierde el tiempo hoy»: «Empieza ya y se realizará el trabajo».

Si elijo malgastar el día presente, lo perderé y mañana será igual, y al final acabaré lamentándome por todos los días perdidos.

Cuando Goethe pregunta: «¿Estás decidido?», yo respondo: «Sí, lo estoy» y «No dejo escapar el presente». Pongo en práctica este valioso consejo de un hombre que llenó sus ochenta y dos años con grandes éxitos en diversos campos.

No te pases el día pensando que tienes que acabar un proyecto o en lo desbordante que pueda parecer una tarea. Empieza y hazlo. Tanto si se trata de escribir una carta o de hacer una llamada telefónica, deja ahora mismo este libro y aprovecha el momento.

Haz algo más que empezar. Pon una marca en este punto del libro y, cuando hayas iniciado un proyecto, vuelve a la lectura. Lo que descubrirás es el significado de: «La audacia es genialidad, poder y magia en sí misma».

La famosa observación de Thomas Edison: «La genialidad es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor», habla de aprender a aprovechar el momento. Ese uno por ciento es el reconocimiento de tus pensamientos y sentimientos.

Para concretar el genio que hay en ti, has de empezar a poner en práctica tu inspiración. A mi editora le digo que mi «secreto» para escribir este libro y hacer todo el trabajo que conlleva en las fechas acordadas es que todos los días sin excepción, a una hora concreta, independientemente de cuántas interrupciones pueda tener o de las razones para hacer otra cosa, empiezo el siguiente ensayo. No me propongo terminarlo, sólo empezarlo.

Y ¡quién lo iba a decir!, esa audacia realmente tiene genialidad, poder y magia, porque una vez he empezado a leer, a investigar y a escribir la primera frase, descubro que el trabajo se las arregla para completarse solo. Así me ha sucedido siempre.

Te sugiero que pongas copias de «Pierde el tiempo hoy» en los lugares que frecuentes cuando tratas de evitar una tarea. Te recordará los aspectos creativos de tu vida en los que no das ese atrevido paso de empezar. El rechazo a comprometerte es lo que te bloquea y no deja que tu mente se estimule. La tendencia a posponer, a dejar las cosas para después, hace que pierdas el momento presente, el ahora. Esta valiosa técnica de empezar me ayuda a finalizar estos escritos que tanto adoro, a aprovechar el momento y a empezar a activar otras facetas de mi vida que me proporcionan el mismo placer, la misma sensación de plenitud y de equilibrio.

En lugar de hablar con mi esposa de un hipotético futuro en el que podremos salir y disfrutar de nuestra mutua compañía, recuerdo siempre el poder de la audacia, y que comprometerse estimula la mente y el cuerpo. Entonces digo: «Ya hemos hablado bastante, vamos a hacer la reserva ahora mismo. Lo apunto en el calendario y vamos a hacer que suceda». Siempre es así cuando actuamos en contra de esa tendencia a perder el tiempo. Así mismo, hemos creado muchas actividades familiares, porque ambos hemos dejado de perder el tiempo y hemos hecho que las cosas ocurran. ¡Ahora!

Este valor para actuar con audacia nos lo transmite un hombre extraordinariamente audaz y altamente realizado. Lee cuidadosamente las animosas palabras de Goethe y aplícalas en tu vida para hacer que lo que tienes en tu mente pase del reino de tus pensamientos al mundo material de tu realidad inmediata. Empieza y observa la magia en acción.

Extraído del libro La Sabiduría de todos los tiempos, de W.Dyer

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