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Blog del eBook El Maestro de la Realidad

miércoles, 13 de diciembre de 2017

PRESTAR ATENCIÓN



Estar atento es estar presente, estar en el Ahora; es entrar en el flujo de la Vida a través de aquello que percibimos. Estar en el flujo de la Vida a través de aquello que percibimos. Esta calidad de atención ya es conciencia. Cuando estamos en un estado vigilante, manteniendo una alta calidad de escucha, estamos presentes, entramos plenamente en la Vida y ella se despliega delante de nosotros de una manera completamente diferente. Entonces sentirnos vivos y disfrutar no depende de aquello que nos sucede, sino de nosotros mismos.

Al principio este estado de atención puede confundirse con la concentración, que todavía es un estado mental y tiene una finalidad, un objetivo, y eso hace que esté proyectado hacia el futuro y no esté en el Presente, generando cierto grado de tensión. La atención de la que estamos hablando es relajada; no tiene objetivos, habita el momento; es el dedo alzado del maestro zen; también es el perro siguiendo un rastro.

Podréis hacer la experiencia si seguís atentamente, por ejemplo, un sonido, un sonido cualquiera que nace y que muere, que comienza y que acaba; podréis observar que primero está el sonido y después el silencio; mientras el sonido permanece, seguidlo atentamente; después, cuando el sonido desaparece y sobreviene el silencio, continuad escuchando el silencio. Podéis seguir el sonido del motor de un coche que pasa, el gorjeo de un pájaro. En esta clase de atención hay un estado vigilante, una curiosidad sin razón alguna, similar a la de un niño pequeño que escucha algo por primera vez. Tal vez podáis percibir en esa clase de atención una cierta sorpresa.

Prestar atención a lo que está sucediendo en cada momento podrá haceros notar cuán a menudo estáis vueltos hacia el pasado o proyectados hacia el futuro. Cuán a menudo, en suma, pasado o proyectados hacia el futuro. Cuán a menudo, en suma, perdéis el Presente. Pero si descubrís que a menudo estáis en el pasado o en el futuro, no os preocupéis demasiado, no hay nada personal en ello; es solamente un hábito cultural.

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Práctica

Mira si puedes prestar atención a cualquier cosa que te ofrezca el Presente, cualquier cosa que suceda en este instante. Eso significa entrar de lleno en el instante, en cualquier cosa que este instante te esté mostrando.
Para hacer esto puedes usar cualquiera de tus sentidos (por ejemplo, la vista, el oído, pero también el tacto o el gusto). Puedes saborear un bocado estando atento o atenta a la pura sensación, o beber un café estando plenamente en cada sorbo, en cada pausa, en cada variación del sabor; haz esto sin prestar demasiada atención al movimiento del pensamiento, a tus juicios o a tus expectativas; hacer esto no involucra a la mente.
Presta atención a las incomodidades o a las molestias que se manifiesten en ti. Nota cómo a menudo éstas son generadas por juicios o un no interior; observa cómo estás listo para caer prisionero de él. No hay necesidad de hacer nada. Te darás cuenta de que observarlo y volverte consciente ya genera por sí mismo un cambio.


Extraído del libro Las Enseñanzas de Eckhart Tolle, de Marina Borruso

martes, 12 de diciembre de 2017

ENCUENTRA TU PAZ EN LO COTIDIANO



Párate cuando tu paz dependa de circunstancias externas. El simple hecho de reconocer que culpas a los demás o a las circunstancias de tu falta de paz es suficiente para hacerte volver a la realidad. 

Cuando te halles en un momento de no paz, recuerda que nada ni nadie puede apartarte de tu paz sin tu consentimiento. Si los niños han derramado el zumo de naranja en la alfombra y la casa está patas arriba y tú estás gritando, recuerda que no tienes por qué renunciar a tu paz sólo porque el mundo no va como tú querrías que fuera, y recuperarás la paz. Cuanto mayor capacidad tengas de vencer tu respuesta condicionada de echar la culpa a las cosas externas por tu falta de paz, más probable es que a la larga te conviertas en la representación viva de «Tu paz».

Tu paz es algo entre tú y Dios. Punto. No es entre tú y nadie más, o ninguna circunstancia, por difícil que a veces te resulte aceptarlo. Cuando la gente me dice: «¿Cómo puedo estar en paz en un mundo que no es pacífico?», siempre recuerdo que la paz interior es simplemente eso, interior, no exterior. Debes llegar al punto de aportar paz a todo el mundo y a todas las cosas, en lugar de intentar obtenerla de las experiencias externas.

Una de mis experiencias no pacíficas que menos me gusta es la visita dos veces a la semana de los jardineros que se ocupan del césped del lugar donde escribo.

Vienen armados con máquinas extremadamente ruidosas y llenan el aire con sus vapores tóxicos y ruidos estrepitosos. Hubo un tiempo en que me quejaba a mi esposa y a todo el mundo. Ahora los considero mis maestros. Mi esposa me ha animado a llegar a un punto en que ni siquiera me doy cuenta de su presencia.

Cuando empiezan, envío una silenciosa bendición y, aunque sigo sin ser un fanático de esas ruidosas máquinas, no me permito encontrarme en un estado de no paz en su presencia. Mi paz es una elección mía y ya no acuso a esos hombres y a sus máquinas ruidosas de perturbarla; en realidad, les doy la bienvenida como a maestros que me ayudan a dominarme a mí y a mi ego. Thomas Carlyle dijo una cosa sobre la diferencia entre ruido y creación que siempre recuerdo cuando llega esa gente: «Cuando el roble es talado, todo el bosque resuena con su caída, pero un centenar de bellotas son sembradas en silencio por una brisa que no se nota».

Piensa en la paz. Recuerda: te conviertes en aquello en lo que piensas. ¿Con cuánta frecuencia llenas tu mente de pensamientos de no paz? ¿Cuántas veces al día dices en voz alta lo terrible que es el mundo, lo violentos que nos hemos vuelto todos, lo despreocupados que parecemos ser, lo racistas que somos, lo poco que el gobierno se preocupa por nosotros? Todos estos pensamientos y su expresión indican que estás atrapado en una mente no pacífica y, por tanto, en un mundo no pacífico. Cada vez que te lamentas de los horrores del mundo, o escuchas las noticias de todo lo que está mal, o lees artículos que explotan los hechos desagradables de ia vida de otras personas, estás siguiendo el condicionamiento que te aleja de ser un instrumento de tu paz.

Cuando recuerdas que por cada acto de maldad hay mil actos de bondad, vuelves a poner tus pensamientos en paz. Cuando interrumpes a alguien que te está contando otra historia de un desastre y sacas un tema más agradable, te conviertes en un instrumento de paz. Cuando dejas de pensar en las mismas es-cenas, con nuevos personajes, referentes a accidentes, crímenes, pobreza, malos tratos y desastres de toda clase y te dispones a hacer desaparecer estas cosas de tu mente te conviertes en un instrumento de paz. Utiliza tu mente para pensar en la paz, porque la paz es el estado natural del hombre y el mal, la guerra y el odio son su desgracia.

Extraído del libro La Fuerza del Espíritu , de W.Dyer

lunes, 11 de diciembre de 2017

ESTAR TRISTE NUTRE EL EGO



A nadie le agrada una persona feliz.

"La tristeza nutre tu ego, y la felicidad es básicamente un estado de ausencia de ego. Ese es el problema, el quid del problema. Por eso la gente encuentra tan difícil ser feliz. Es por ello que millones de personas en el mundo tienen que vivir en la miseria... han decidido vivir en la miseria. Ello te da un ego muy, muy cristalizado. Estando triste, tú eres. Siendo feliz, no eres. En la tristeza te cristalizas; en la felicidad te vuelves difuso.

Si esto se entiende, entonces las cosas se vuelven muy claras. La tristeza te hace especial. La felicidad es un fenómeno universal, no hay nada especial acerca de ella. Los árboles son felices y los animales son felices y los pájaros son felices. Toda la existencia es feliz, a excepción del hombre. Al ser desdichado, el hombre se vuelve muy especial, extraordinario.

La tristeza te hace capaz de atraer la atención de la gente. Siempre que estás triste, la gente te atiende, simpatiza contigo, te muestra amor. Todo el mundo comienza a cuidarte. ¿Quién puede herir a una persona desdichada? ¿Quién puede estar celoso de una persona desdichada? ¿Quién puede contradecir a una persona desdichada? Hacerlo sería demasiado cruel.

A la persona desdichada se le atiende, se le ama, se le cuida. La tristeza se convierte en una gran inversión. Si la esposa no es desdichada el marido simplemente tiende a olvidarla. Si ella está triste el marido no puede permitirse el lujo de descuidarla. Si el marido es desdichado toda la familia, la mujer, los hijos, están a su alrededor, preocupados por él; esto da un gran consuelo. Uno siente que no está solo, que tiene una familia, amigos.
Cuando estás enfermo, deprimido, triste, los amigos vienen a verte, a consolarte. Cuando eres feliz, los mismos amigos se ponen celosos de ti. Cuando eres realmente feliz, te darás cuenta de que todo el mundo se ha vuelto en tu contra.

A nadie le agrada una persona feliz, porque la persona feliz ofende el ego de los demás. Los otros comienzan a sentir que "Tú has alcanzado la felicidad, mientras que nosotros nos arrastramos todavía en la oscuridad, en la miseria y en el infierno. ¡Cómo te atreves a ser feliz cuando todos nosotros nos encontramos en semejante miseria!"

Naturalmente el mundo está hecho de gente desdichada, y nadie es lo suficientemente valiente para permitir que todo el mundo esté en tu contra; es demasiado peligroso, demasiado arriesgado. Es mejor aferrarse a la miseria, pues sigues siendo parte de la multitud. Feliz, eres un individuo; desdichado, eres parte de la multitud -hindú, musulmana, cristiana, india, árabe, japonesa.
¿Feliz? ¿Sabes qué es la felicidad? ¿Es acaso hindú, cristiana, musulmana?

La felicidad es simplemente felicidad. Uno es transportado a otro mundo. Uno deja de ser parte del mundo que la mente humana ha creado, uno deja de ser parte del pasado, de la fea historia. Uno deja por completo de ser parte del tiempo. Cuando eres realmente feliz, dichoso, el tiempo desaparece, el espacio desaparece".

Rene Huitron Perez

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